La función de las cosas.

Buscaba una mesa, mi charola traía un plato con arroz, brócoli y pollo, una servilleta, una galleta de la suerte y agua de naranja.

Al final de la última fila, junto al ventanal, estaba una mesa, iluminada, sola, limpia, podría hasta decir que triste o abstraída pero me han dicho que deje de adjudicar sentimientos a los objetos inanimados.


Me senté dos mesas más hacia el centro de la cafetería, para verla.



Me cruzó un pensamiento.
Era ingenuo, bello, alevoso y obsceno.
Eras Tú.



Haciendome viejo (a calzón quitado)

La gente, sólo es válida, cuando se desnuda y se deja ver tal cual es. Cuando se quitan la máscara y muestran sus debilidades, sus miserias. Cuando dejan de actuar como personas importantes.No hay nadie que sea importante, eso lo sabe cualquiera.

Amo el momento en que una chica desconocida se desnuda, abre las piernas y me deja entrar. Amo cuando su cuerpo y el mío interactúan, se mueven, tratando dar placer al otro.

Amo cuando terminamos y no hay nada más qué hacer, cuando nos miramos, diciendo:

-¿Y ahora qué?

Es el momento de abrazarla, de hacerle ver que no se ha acostado con un psicópata. De demostrarle que todas las palabras que le dije antes para que se abriera de piernas no eran mentira. Es un momento bello. Se forma una conexión que nunca se olvida. A pesar de que la relación no sea para siempre. A pesar de que la dejes.

Cuando das amor a alguien, ese momento nunca muere, queda en deuda eterna. Es un paisaje bello que siempre se recuerda.

Dentro de la caja de mi cabeza tengo la mirada de casi todas las amantes con las que he estado (a no ser que estuviera borracho). Guardo todas sus esencias y, en mis noches de soledad vuelvo a ellas para recordar que algunas veces tuve suerte. Me masturbo en mi cama, solo, pensando en la forma en que me miraban mientras me daban placer.

¿Dónde estarán todas esas chicas con las que he estado? ¿A quien estarán haciendo feliz en estos momentos?

Me voy haciendo viejo, ya no busco sólo chicas guapas con una linda vagina, ahora busco chicas válidas, brillantes, creativas, inteligentes.

Ya no me excita sólo un agujero, ya no soy tan animal ni tan cerdo, por desgracia.

Azúcar

Estoy en la cama con mi novia, los dos desnudos. Son las 2.30 de la madrugada. Nuestros cuerpos tiemblan al borde del infarto, hemos estado fumado demasiada droga, vamos a morir.

-Necesitamos azúcar –dice- mi hermana me dijo que cuando se tiene una sobredosis hace falta azúcar y si es de fruta mejor.

Corro, desnudo, con los pinches pelos de loco, hasta la cocina. Encuentro unos kiwis en una canasta. Trato de pelarlos. No puedo. Me tiembla demasiado la mano. Abro la alacena. Saco un sobre de azúcar. Corro hasta la cama. Ella está durmiendo. O quizá ya murió. Abro el sobre y su boca. Se lo vacío dentro. Despierta muy encabronada

-No te puedes dormir –le explico- si te duermes morirás.

-¿Por qué?

-No sé. Sale en las películas.

-Tengo sueño. Mucho sueño.

-Hablemos.

-¿Sobre qué?

-No sé. Te contaré un cuento –le digo.

-Ok.

-Tú y yo nos casamos y vivimos felices en una gran selva verde. En la selva los leones trabajan para nosotros cazando carne y empaquetándola. Luego, los buitres la transportan a la ciudad y los cuervos son nuestros contadores. De vez en cuando, la selva se convierte en un barco y viajamos por el mar.

-¿Y por qué viajamos si somos felices donde estamos?

Me quedo callado, pensando. Ella me abraza, cierra los ojos y recuesta su cabeza sobre mi pecho. Duerme. Va a morir. Decido cerrar los ojos yo también. Morir, abrazado a ella. Es mi fin. Encuentro a la chica perfecta y muero.

-Ya no me queda nada por vivir –pienso- Todo lo que descubro es una mierda. Mejor morir antes de que esta relación también se convirtiera en una gran mierda. Mejor morir pensando la mentira de que iba a ser feliz y no un infeliz eterno.

Sin embargo, a la mañana siguiente, despierto. Ella también está despierta, mirándome.

Santa maradona!.....

Perros

Cada vez que veo a un perro pienso que si ellos fueran nuestros gobernantes, el mundo sería un lugar más justo. La inteligencia del ser humano es un retraso mental para la sabia naturaleza. Si no fuéramos tan inteligentes habrían menos medicinas. Pero también menos guerras abominables. Y no estaríamos destruyendo el mundo.

Ojalá fuéramos como los perros. Que nos hicieran felices las cosas pequeñas, salir a la calle, morder un zapato apestoso. Estoy seguro que el hombre, cuando era un pinche chango que saltaba de árbol en árbol y fornicaba con quien estuviera de culo, era más feliz que el evolucionado de hoy en día. Y si no me creen, dense una vuelta por el metro a las 8 de la mañana.

¿Inteligencia y avaricia van juntas de la mano? Creo que sí. Y la locura.

Frente a mi casa hay una plaza donde la gente pasea a sus perros. Me parece justo que, como esclavos, nos humillemos recogiéndo sus excrementos. Los perros son mejores que nosotros. Un ser superior es quien posee bondad. No quién posee más inteligencia.

Lo mejor de ti

Cuando la conocí, ella tenía 15 Cds, nada extraño, un par de música latina, reggae, los internacionales que todos tienen en esos feos porta-cds de plástico...

Enseguida le grabé un compilado de lo mejor que yo escuchaba, el cual le hubiera dado igual si no le gustaba, creo yo, aún sino me amase. Y luego seguí haciendo lo que siempre hice. Escuchar música. En la tv y en el stereo.. En el centro comercial y en la radio. En su presencia y en su ausencia.

¿Que música te gusta? Le pregunté al oído, la noche que la conocí, mientras bailábamos red red wine versión UB40, (En el reggaeland que estaba a un costado del operagua), desde ese momento esa rola paso a gustarme el doble, o el cuádruple, quien sabe...

-La música tranquila. Dijo. La apreté fuerte y le di un besito en el cuello. Y pasamos los próximos años, juntos y separados.

Nos apropiamos de esa canción.

Cuando estábamos en su casa y veíamos la tv, en el momento en el que aparecía el video de Moby, “dream about me”, yo me apresuraba a cambiarle de canal. Adoro a los gatos, pero ella los ama y al ver ese video no podía manejar la situación. Se emocionaba hasta las lágrimas, en cualquier día de la semana y del mes.

Menos la faceta mas heavy de mi música. Le gustaba todo lo que yo escuchaba.

Llegó Foo figthers y “best of you”, y me pareció un hit instantáneo. Cuando veíamos el video, en la parte del clímax de la canción, a ella se le erizaban los vellos blancos de los brazos. No era poco, para alguien que escuchaba, antes de conocernos, "música tranquila". Y yo sentí que compartíamos algo muy grande y muy lindo, algo que había crecido entre nosotros.

Había una cosa que hacíamos, de esas pendejadas de enamorados, que se me quedo grabado. A ella le gustaban los Danettes (si de danone). Yo no soy muy fanático de los postres muy empalagosos, pero terminaba decidiéndome por una gelatina Dany. Y sacábamos una cucharada de cada uno, y así probábamos los 2 postres.

Tuve la suerte relativa de conocerla en dos estados emocionales totalmente opuestos. Cuando ella amaba, en este caso a mí, brillaba. El sol abusaba de su cabello. Caminaba por la calle muy rápido y sonreía a todo el mundo.

Y luego, todo lo opuesto, el desamor. Sus ojos se volvían de color gris. Su paso de jirafa se volvía dislocado y lento. Una luz violeta, en ella, agonizaba.

Luego de dos años sin verla, hoy tomamos un café (en el que esta a un costado de la Megacomercial de izcalli). Es obvio que tras la experiencia del amor, ya no somos iguales. Nos conocemos tanto, lo bueno y lo malo…Nunca nos ocultamos nuestra mutua oscuridad. Nunca nos mentimos demasiado. Era el único camino posible al futuro. El camino real.

Se fue y me puse a pensar en el amor. Cuando es verdadero, como nos cambia.

Cuando la conocí el mar me era indiferente. Un lugar familiar donde perder el tiempo entre otras familias haciendo lo mismo. Pero ella me mostró otra cosa. Me enseñó que es un estado de ánimo, un refugio, una extensión del alma. Me enseño la paz de las olas. Me llenó de besos de sal junto a una fogata y por primera vez me sentí como dentro de una película de esas gringas. Me enseñó que no tenía sentido vivir lejos del mar. Me mostró la grandeza de su sacrificio, al mudarse a esta tierra seca que le hacia gastar tanto en cremas humectantes.

Desde ese momento, y para siempre, el mar es ella en mí. No puedo, ni quiero, desmembrar el significado de ese recuerdo. Ya es parte mía. Una parte valiosa. Su mar ha hecho de mí una mejor persona.

Cuando ella me conoció, se ponía a escuchar la música. No prestaba atención a las letras. Ahora es algo que hace todo el día, que la acompaña. Ahora oye lo que alguien quiso decirle a otra persona. Ahora se identifica en alguna canción. Vive la música, y mejor aún, la música vive en ella.

Hoy cuando la vi llegar, la canción se repetía en mi cabeza. Me preguntaba: ¿Is someone gettin´ the best of you?

Bastó verla para saberlo de inmediato. Y me dio pena. Pero al menos se mudaba de nuevo al Mar, para intentar darle a alguien, lo mejor de ella.

Al recordar hasta las tonterías. El sabor del Danette viene a mi mente, bajo la cabeza y sonrío. No necesito una metáfora menos cursi que esa.

Ya no somos los mismos.

Hoy solo quiero que lo logre, que encuentre a alguien digno de su mar, que sea feliz.

Hoy solo quiero que vuelva a brillar. Lo necesito.

Creo que se lo dije...

Mendaz

UNO
Llegué a casa de Faby a las once de la noche. Me dio un beso y mi cansancio por las cinco horas de viaje desapareció. Realmente no es tan pesado viajar tantas horas si estás enamorado.

-¿Como va todo? –preguntó.

-Muy bien. Todo perfecto.

-¿Y los problemillas que tenías en el trabajo?

-Ya paso todo –le mentí- Las cosas mejoraron.

Le mentí porque no quería que supiera que estaba ante un imbécil. Un fracasado. Durante toda mi vida la gente que me ha conocido y ha trabajando conmigo asegura, que soy un ganador, pues soy una persona especial, que eso saltaba a la vista. Palabras amables pero mentirosas. No soy más que otro pendejo mediocre. A mis 28 años no tengo nada, salvo un montón de gastos. En las películas que veía de niño y que me hacían soñar se afirma que si intentas mucho una cosa, si pones todo tu empeño, al final lo consigues. Pero eso, en la vida real no es verdad. Hay mucha gente que lo intenta con todas sus fuerzas una y otra vez y jamás lo consigue. De esos fracasados no se hacen películas. Yo soy uno de esos fracasados. Pero este fin de semana no. Mucho menos ante los ojos de Faby. Lo sería yo solo, a partir del lunes.

-Les han gustado mucho algunas de mis ideas –le dije a Faby con una gran sonrisa, pero sin lograr que los ojos me brillaran de emoción- Les he sacado una buena lana de adelanto..

-¡Eso es genial! –gritó ella.

Y volvió a besarme.

Mientras sentía en mi boca el beso que no merecía pensé que pasar con ella el fin de semana era mi gran premio por toda una vida de sueños.

DOS

Conocí a Faby aquí en la ciudad, aunque es de monterrey. Ella había venido a dar un curso al trabajo.

Tenía novio, pero un día ella se enamoró de un hombre que a su vez también estaba comprometido. Faby quiso hacer las cosas bien, abandonó a su novio y luego se le declaró al hombre del que se había enamorado. Y éste, incomprensiblemente para mi, le dijo que no.

Faby quedó sola. Pasó tres meses con remordimientos y deprimida. En verdad la atormentaba el daño que le había hecho a su novio de toda la vida, quien siempre la había tratado como una princesa. Pero por otro lado, la quemaba el amor que sentía por aquel hombre de quien estaba enamorada y que no le correspondía.

En ese momento de su vida nos conocimos. Nos dio un curso en el trabajo de “X” cosa. Después de verla unos minutos junte algo de valor (no soy de las personas que se atreven a acercarse a las chicas) y me atreví a preguntarle que qué haría por la noche:

-Nada –contestó con una sonrisa coqueta- Estoy sola en la Ciudad.

Y nos quedamos de ver para tomarnos un café.

TRES

Pasamos dos días juntos, en mi casa. Fueron los dos mejores días de mi vida. Todo fue maravilloso. Él corazón me sangraba de amor.

-Te quiero –le confesé.

-Eso es imposible –replicó enojada- No me conoces nada.

Me quedé callado. Tal vez debí decirle lo que pienso, que amar sin conocer es el único modo de amar a alguien. Que los momentos irracionales, en los que sientes y no piensas, son los únicos momentos que valen de la vida; que el resto son días de trabajo.

En un mundo justo si sientes algo muy fuerte en tu corazón por una persona, esa persona tendría que sentir lo mismo por ti. Pero ya sabemos, en cuanto dejamos de ser niños, que no vivimos en un mundo justo sino todo lo contrario.

Hay algunas personas que todo le sale bien y viven en el cielo. Otras que vivimos los siete días de la semana en el infierno. No hay justicia. Da igual lo que hagas, las veces que lo intentes. La fortuna es una lotería. El éxito, un malentendido. Al final sólo hay gente con poder exprimiendo a gente sin poder.

A los dos días ella regresó a su vida en Monterrey y yo a mi trabajo. Quedamos de acuerdo para vernos el siguiente fin de semana, en su casa.

Regresé al trabajo con una cara que revelaba que nadie en el mundo era más feliz que yo. Al llegar, mi jefe me llamó. Con razón, estaba visiblemente encabronado conmigo:

-¿Por qué no ha acudido al trabajo estos dos últimos días? – me preguntó.

-Por problemas de salud –le mentí.

-¿Tiene usted algún comprobante que demuestre que ha estado enfermo?

-No.

-Pues no le creo. Tiene un aspecto inmejorable. Está usted despedido.

Me asusté. Necesitaba ese trabajo. Me había costado muchos meses encontrar uno. Además sólo tenía ahorrado mil pesos y ya me había gastado lo de mis pasajes. Entonces decidí decirle la verdad, acudir a sus sentimientos. Al fin y al cabo, seguramente el también se habría enamorado locamente, cometiendo una estupidez:

-Me enamoré de una chica –le dije- Creo que es el gran amor de mi vida. Pasé estos dos días con ella. Jamás había estado tan enamorado. Perdóneme.

Mi jefe me miró de arriba abajo. Luego murmuró con desprecio:

-Patético. Váyase de mi empresa. Aquí no contratamos a pubertos, sino a gente responsable.

Salí de su oficina. El amor es algo patético y despreciable en el mundo de los negocios. “Estar enamorado” debería de aceptarse como motivo válido para obtener una incapacidad laboral. Parece que sólo tienes derecho a estar locamente enamorado a los 15 años. De adulto está muy mal visto. Se espera de ti que te comportes siempre como un responsable y frío robot. Pero el amor, aparte de hacernos felices, nos convierte en imbéciles y en niños. Por fortuna.

Da igual la puta edad que tenga uno, el amor siempre tiene el poder de hacerte sentir como un niño.

Y eso es una bendición...

CUATRO

El domingo por la noche, en el restaurante decidí declararme. Eran las siete de la noche y mi camión salía a las doce.

La comida favorita de Faby es la italiana, así que fuimos a un italiano que estaba cerca de su casa. Mi declaración iba a ser sencilla. No iba a repetir el error de decir “te quiero” como en aquella ocasión en mi casa, en la que se había molestado. Simplemente iba a preguntarle si quería que regresara el próximo fin de semana o el siguiente. Con eso me valdría. Si me decía que sí, es que ella quería seguir conociéndome, que pensaba que quizá yo podría ser el hombre de su vida. Con eso me bastaba para estallar en felicidad. No podría regresar al DF desde Monterrey sin dinero. Tenía un plan, fingiría esa noche, que tomaba el camión al DF pero me quedaría en Monterrey. Pasaría los días en un parque y, por la noche, dormiría entre los arboles o donde fuera, hasta el día que Faby señalara como fecha de nuestro reencuentro.

Pedimos vino blanco y queso como entrada. Aquella iba a ser mi última buena cena. Mientras comíamos, quise hacerle la pregunta, pero no me atreví. Sentí nervios. Pedí disculpas y me fui al baño. Una vez allí, abrí la llave, tomé agua con la palma de mi mano y refresqué mi nuca. Miré mi reflejo en el espejo y me pedí, mirándome a los ojos, valentía. Debía hacerle la pregunta.

Cuando regresé a la mesa, ella lloraba.

-¿Qué te pasa?

-Acabo de recibir un mensaje de texto.

-¿De quién?

-Del chico al que amo, a quien me declaré. Dice que también me ama.

Y Faby rompió a llorar de amor.

CINCO

Tomé el camión de las doce de la noche. Tras unas cuantas horas de viaje llegué al DF. Me baje del camión sabiendo que no tenía nada.

NADA.

Nadie me esperaba, tampoco tenía ningún lugar a donde ir.

Sólo tenía un inmenso dolor en el pecho.

Nunca volví a ver a Faby y, desde entonces, vivo en la calle.

Esto lo dijo un Hippie

'Nos hicieron creer que el 'gran amor', sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable. Nos hicieron creer en una fórmula llamada 'dos en uno': dos personas pensando igual, actuando igual... que era eso lo que funcionaba! No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable. Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alineantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y entonces, cuando estés 'enamorado de ti mismo' vas a poder ser feliz y te enamorarás de Alguien. Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor aunque la violencia se practica a plena luz del día' ...



...John Lennon

Por que?

Ella se llama Mayra.

Al lado de ella me siento feo. Ella, con su hermosa cara perfecta. Yo, con mi cara que, en realidad, es una pinche cabezota inmensa. Ella con sus 20 años, yo con mis 28. Ella sin arrugas, yo con muchas ya, más las que llegarán mañana.

Me siento un vampiro cuando le meto la lengua en la boca. Un pendejo anciano. Eyaculo sobre su cara y me invade una gran vergüenza ¿Qué hago echando semen sobre la cara de una chica tan joven? No quiero que me mire a la cara. Desde que entra en mi casa apago la luz para que no vea mi cara. Sólo entonces me atrevo a abrazarla y acercarme a ella. Debería de estar con una chica de mi edad, con alegre y sano sobrepeso, con mis mismas arrugas amigas.

No con una chica que todavía se puede presentar a un concurso de belleza y ganarlo.

La conocí en el trabajo. Y esa chica, que puede tener a cualquiera, lleva 4 días seguidos en mi cama.

Cada día que la veo me hace sentir tan viejo, tan feo.
Yo no quiero estar con chicas guapas ni jóvenes. Quiero estar con chicas feas. Chicas que me hagan sentir guapo y joven. No estoy cómodo sobre su cuerpo desnudo. Hasta el día que cobre no tengo ni dinero para invitarla a comer. Hace tiempo que dejé de tener un cuerpo presentable.

No sé qué vino buscando, pero lo que encontró es a un pendejo, pobre, que no tiene nada. Salvo ese pene feo y asqueroso con el que eyacula sobre ella. Sin embargo, Mayra, no quiere salir de mi cama. Soy un pene feo. Nada más que un pene feo sobre su cara. Quiero dejar de ser un pene feo. Todo yo me estoy convirtiendo en un pene. Tengo que volver a aprender a estar solo. Pero es que estamos en Navidad, hace frío, por las noches no hay calefacción y, desde que cierro la puerta, si estoy solo, me entra una ansiedad, un temblor inmenso en el pecho. Y entonces lo único que deseo es estar abrazado a alguien.

-Piensas demasiado en el sexo –me dice.

-¿Cómo no voy a pensar en sexo si te tengo al lado?

¿Por qué estás aquí, conmigo? –Le pregunto -¿No tienes a nadie más con quien estar?

-Pues claro que tengo con quien más estar.

-Pues claro que tienes con quien más estar, millones de personas en México, todos los chicos del mundo te querrían cojer. Ahí fuera te está buscando un buen chico, de tu edad, con una carrera y un buen trabajo ¿Por qué quieres estar aquí, conmigo, con un pendejo como yo que ya no tiene sentimientos nuevos para nadie? ¿Qué es lo que buscas? No tengo absolutamente nada que ofrecer. No soy nadie, mi cama está al lado del baño… es viernes por la noche… y estás aquí metida en el cuartucho de una vecindad, en lugar de estar con tus amigos, en cualquier discoteca, bebiendo, bailando y saltando como hacen los pendejos mediocres los viernes por la noche…

Ella no para de acariciarme la cabeza, para arriba y para abajo, muy similar a cuando terminan de cortarme el cabello en la estética, me acaricia la espalda, el pecho, me masturba un poco con sus manos, y yo estoy seguro que Dios es un buen tipo, que ha bajado una escalera del cielo hasta mi cama, que es ella un ángel el cual a obligado a venir, escaleras abajo, para hacerme compañía, para que yo no pase la Navidad tan triste, para que no me afecte el frío y la niebla de la calle, soy el hijo malcriado de Dios, no sé por qué, pero lo que está claro es que yo no lo entiendo, que en el orden mental de mi cabeza una chica tan guapa como ella no puede estar con un tipoo tan mierda como yo… si por lo menos tuviera algo que ofrecer… ¿Por qué esta conmigo? ¿Qué es lo que busca? ¿Tan harta está de ser inalcanzable, que quiere que se la coja un cualquiera? ¿Es eso lo que busca? ¿A un cualquiera?

A veces lo recuerdo

Cuando se empieza una relación la gente que cree ser inteligente, afirma que hay que poner el freno e ir con escudos en el corazón.

Pero yo soy de esos que cojen sin condón y nunca tendran Sida; de esos que aman con toda la fuerza que su pasión les permite y que no se guardan ni un peso si encuentran alguno en la bolsa. De esos que comen hoy y mañana mueren de hambre pero recordando felices, lo bien que comieron ayer. Soy primo hermano prehistórico de la única raza sobreviviente de las cucarachas post sismica nuclear.

Porque hoy es un día que merece vivirse. Mañana sólo un sueño que no sabes ni necesitas que se cumpla, sobre todo si hoy no paras de amar, reír y de venirte.

Peleas cotidianas

En el banco.La chica de la ventanilla está muy encabronada...

-Soy promotora ¿sabes? –me dice en voz baja, para que nadie mas la escuche- Pero les hacía falta suplir a alguien y me pusieron aquí. ¡Y no me explican nada! Cada vez que voy con el supervisor, a preguntar, me grita delate de todo el mundo.

No conozco a esa mujer. Pero está desesperada. Pienso en darle un consejo, hasta que recuerdo que los hombres, cuando una chica nos cuenta sus problemas, nos sentimos obligados a aconsejar. Olvidamos que las mujeres, generalmente, suelen ser mucho más inteligentes que nosotros, saben de sobra qué hacer. Si nos cuentan sus problemas es, únicamente, porque necesitan ser escuchadas.

-Además –prosigue- si por lo menos fuera hombrecito sabría como tratarlo. Pero es homosexual. Y está molesto ¿Sabes? Porque yo soy fea pero, aun así, puedo irme a la cama con mas chicos que él.

Ella calla. Él llega a la ventanilla. Sabe que estábamos cuchicheando sobre él. Los dos me miran. No sé a quién sonreír. Uno trata mal a las compañeras nuevas, la otra tiene prejuicios contra los homosexuales. Esperan un veredicto ¿A quién vas a sonreír? Eructo, me voy. No me gusta salir a la calle. Presiento una guerra en cada esquina. La gente, desde que se reune, desde que se pone a trabajar junta, se pelea ¿Por qué?

No hay nada más indestructible que el corazón de una mujer

Cada día es más triste que el anterior. Cada día me siento más débil y no es sólo por la rutina.

Cada día lloro desde que veo a mi perrita (dikis), desde que pienso que me voy a tener que separar de Elena. Cada día temo el momento en que le diga:

-Mañana me voy.

Ver la cara de Elena en ese momento, verla llena de lágrimas, impedir que esas lágrimas me sienten en el sillón, me postren de rodillas, y me hagan decir:

-Ok me quedo contigo.

Perder la batalla.

Cada día que se acerca mi despedida, me siento más mala persona por dejar lo que mas quiero en la vida. Mi perrita es mi hija, la hija que deseo de todo corazón.

-Por favor no te lleves a la perrita. –Dice Elena- Me dejas la casa demasiado vacía.

Los perritos son antidepresivos. Y este país es demasiado solitario. Allí en donde este, necesito una buena perra, cariñosa y humana, a la que pueda llenar la vagina de lágrimas, y pasar las noches olvidando los días drogados con alcohol frio y porros.

Me voy a largar de esta casa y romperé el corazón de todos sus habitantes. Ella, mi perrita y yo y, sin embargo...

... y sin embargo, lo que he aprendido en la vida es que no hay nada más indestructible que el corazón de una mujer. A veces sus corazones se debilitan, pero siempre, siempre, salen adelante. Lo vi 10.000 veces, cuando era mesero en la disco. Mujeres llorando, destrozadas, porque las habían abandonado... y semanas después, sonrientes, con un nuevo amor, fornicando felices por las esquinas, jurando que este amor, ahora sí, era el bueno.

Ningún hombre es irremplazable. Aunque me cueste reconocerlo. Pero ella me hizo creer que yo podía serlo. La realidad me estallará en la cara, como siempre.

Mi hueco, el hueco de su vagina lo ocupará otro. Y será entonces cuando descubra que todo este dolor que siento ahora por dejarla no fue más que la estupidez del egocéntrico sumado al miedo a estar solo frente a lo desconocido.

Basura psicológica. Todo pasa, nada es para siempre, ni la tristeza ni la felicidad. Condenados, de por vida, a ver qué pasa.

Espero que, entonces, cuando ese hueco lo rellene otro hombre, me deje llevar a mi perrita…

...mi perra y su lengüita, que no deja de lamerme todo el rato. Sus ojos, mirándome con comprensión cuando le he quitado algo de la boca para que no se lo coma, sin morderme, porque sabe que es por su bien, porque sabe que siempre puede confiar en mí… y sin embargo, con un gran dolor en mi corazón, la abandonaré en los brazos de Elena. Quedo sólo de nuevo. Punto de partida: México D.F, día 7 de noviembre del 2002.

... los días pasarán y el pequeño cerebrito de mi perra se preguntará ¿Dónde estará ese idiota que siempre iba en boxer’s y olía mal y me daba besitos como si yo fuera un bebe?

Y, ahora, lloro en el sillón y mi perra salta sobre mí y, jugando, me muerde la mano y grito por el dolor... y me alegro, porque sé que por lo menos, cuando ella esté sola, mi perra la morderá, la distraerá, Elena tendrá a alguien maravilloso a quien abrazar y cuidar.

El engaño

Nunca hallarás a “tu media naranja”.

Es gracioso darse cuenta que, a medida que nos vamos haciendo “mayores”, dejamos de creer en los Reyes Magos o Santa Claus, en los duendes, algunos hasta dejan de creer en el alma.

Pero en el cuento infantil de que tu media naranja está esperándote, en algún lugar del planeta”, en eso nadie deja de creer.

Se pudren creyendo ese cuento. He conocido a viejos amargados por no haber encontrado a su media naranja. Hay grandes empresarios, seres sin escrúpulos, que se van a la cama, cada noche, soñando con encontrar el gran amor que no los quiera por el dinero que ganan, sino por sí mismos.

Es la gran mentira. La última esperanza. Se refuerza esa ilusión a diario, en películas, en la publicidad, la gente de la calle no para de soñar con esa fantasía.

-¡Tal vez hoy es el día! –se dicen.

Los ateos no creen en Dios, pues son demasiado cool’s, pero sí creen en el cuento de la media naranja y se les hace agua el culo pensando en eso.

Todos cerramos los ojos y soñamos con esa persona que nos hará el día a día más feliz, más fácil, un millonario, una rubia de ojos azules que siempre quiera hacernos un buen oral, un guapo deportista con el cual ir de la mano a comprar zapatos, un bombero con larga manguera, una negra que te defienda de tus vecinos, oh Satanás…Lo peor es que, como no la encontramos, nos engañamos.

De dientes para fuera decimos (a un segmento de gente) que nuestra pareja es la mejor del mundo, que nos hace sentir realizados, que es, sin lugar a dudas, nuestra media naranja De dientes para fuera (para otro segmento de gente, normalmente amigos(as) cercanos o a tu madre o hermana) les confesamos que estamos hartos(as) de esa persona: que coje fatal, que no hace nada, que se gasta todo el dinero en pendejadas, etc. Todos, casados, casadas, nunca dejan de soñar con que hay otra persona esperándolos, su media naranja. Que están perdiendo el tiempo con la persona incorrecta.


La media naranja no existe.

Es una ilusión en la que es bonito creer. Pero no existe. Tú única media naranja eres tú mismo, la única persona que te puede hacer feliz eres tú, la única persona que te va a satisfacer sexualmente toda la vida eres tú ayudado con tu mano derecha (si no eres zurdo) o un vibrador (si fuera el caso).

La única persona que te va ayudar a conseguir tus sueños, eres tú. La única persona que te va a cuidar eres tú. La única persona que puede destruirte mentalmente eres tú. Los demás, las mujeres y hombres que te rodean, son personas a las que podrás amar más o menos, darles más o menos.

Pero jamás personas que te harán feliz toda la vida. Sólo una época o un instante. Y, eso, debería de bastarnos ¿Acaso no es maravilloso, asombroso y milagroso que alguien pueda hacernos plenamente feliz por unas semanas o incluso meses?

Yin

I

Me da vergüenza que a mi madre se la haya follado un chino. Cada vez que entro en una tienda de comida rapida y veo, tras el mostrador, a un chino viejo, pienso que quizá sea mi padre. Mi padre era chino y un hijo de puta. Se folló a mi madre y la dejó. Nunca vi, ni conocí a mi padre. Hay millones de chinos. Tantos como moscas. Los chinos son las moscas, y la humanidad, la mierda.

Aparte de ese brote racista justificado, soy buena persona. Me llamo Yin: dentro de dos semanas cumplo 33 años. La edad en la que crucificaron a Jesucristo. Yo llevo crucificado varios años: por las pelotas: puta vida: puto trabajo de mierda.

Trabajo de Aux. contable en una oficina. Cobro 12000 pesos al mes. Soy un subhumano. Subhumano es toda persona que no lucha por sus sueños y deja que una rutina que lo hace desgraciado se adueñe de su vida. Me hubiera gustado ser dibujante de comics. Un subhumano es una persona que morirá y que nadie recordará. Una persona que nunca se rebela contra su rutina gris. Un número: soy esa combinación de lotería que se hace pero no es el numero ganador: ese papelito doblado que se tira a la basura.

Vivo con mi madre. Casi no hablo con nadie. No tengo amigos. En mi adolescencia odiaba a mi madre: no le hablaba: sólo la insultaba y gritaba: me la imaginaba jadeando de placer debajo de un chino. Para colmo me puso el nombre de quien se la folló: Yin. No sé por qué me hizo esa putada. En la escuela preguntaban:

-¿Dónde está tu padre?

Yin. Ese nombre me hace recordar, cada día, que soy un hijo bastardo...no pensé que fuera a escribir en este diario que hoy empiezo sobre mi padre: pero es que a mis casi 33 años sigo jodido, pensando en eso. Ojalá mi madre me hubiera llamado Rodolfo. Aunque suene a maricón. Ella nunca se casó: los hombres se reían de ella ¿Quién se va a casar con una mujer que permitió que un chino expulsara semen con pus amarilla dentro de su vagina y la dejara embarazada?...

I

No estoy enamorado de mi compañera de oficina: sólo quiero follármela. Ana. Deseo follarte, humillándote. Odio que seas tan guapa, tan delicada, tan elegante, tan pequeñita. A mi no me engañas: TE METES MUCHOS PENES LOS FINES DE SEMANA. Odio que hables de ese modo tan correcto, sacando la lengua un poco, mostrando tus grandes dientes blancos: dientes con los que te comes con mordiscos salvajes mi corazón. Odio que sonrías de ese modo que sepas que, desde que entras en un lugar, todo el mundo te quiere follar. Odio que vistas tan elegante, que toda la ropa que te pongas te quede tan sexy, que te subas los pantalones por detrás y se te marque tanto el culo: odio verte los calzones un poquito. Daría mi vida, todo mi dinero, todas mis posesiones, mi cabeza, por una mamada tuya. TRÁGATE MI SEMEN. Cuantas veces he estado en el baño de la oficina con el pene de fuera, la puerta cerrada sin el seguro, deseando, soñando que entres despistada y me lo veas: erecto. Sueño con romperte el culo. Me gustaría follarte mil veces, grabarlo todo en video y luego sacarte de mi cama, de mi casa a empujones: desnuda: tirarte a la calle: como hizo mi padre con mi madre: que tú, Ana, me suplicaras, que lloraras: odio no poder tratarte como a una perra.

Nunca te hablo y, cuando lo hago, me sonrojo: no soporto que me mires a la cara, a mi calva. No soporto que me veas caminar. No soporto que veas mi barriga. A pesar de que no tienes cojones eres más hombre que yo. Llevas mucho menos tiempo que yo en la empresa y ya cobras más y tienes mejores días libres, mejor oficina. Hablas más alto. Odio que seas una mujer libre, que no estés entre cadenas, que haya leyes que me impidan violarte, que no seas puta, que no seas una máquina de refresco en la que pueda echar una moneda y yo, a cambio, pueda meterte el pene: odio que el jefe te sonría sólo a ti: ODIO QUE LE DEVUELVAS LA SONRISA. Odio que nunca me hables y, que cuando lo hagas, sea con una sonrisa que me esclaviza a ti: que hace que me abra de piernas, deseando que tuvieras pene y yo vagina: que me lo metieras. Odio tener sólo dos pantalones para la chaqueta del trabajo y que tú lo sepas (en eso seguro que te has fijado). Odio estar gordo y calvo: odio que veas mis manchas amarillas debajo de mis axilas, provocadas por el desodorante barato. Odio no estar dentro de tu lista de posibles candidatos para follar. Odio ser para ti sólo el gordo imbécil de la oficina que no te deja de mirar. Eres pequeñita. Eres mi Hitler. Mi campo de concentración donde se me extermina. Quiero que cuando muera te comas mi carne, que te la vendan, engañada, en el mercado. Quiero que me comas y me cagues. Quiero estar dentro de tus intestinos, de tu estómago: ser un poco de oxígeno en tu corazón.

III

Soy el Auxiliar contable que más trabaja de la oficina, pero el que menos cobra. Soy el único que sabe hacer todo el trabajo pero el menos valorado. Tendría que alzar mi voz, hacerme valer, cobrar más: pero no sé hablar, me pongo nervioso. Sé que no soy imprescindible ¿Quién es imprescindible hoy en día? La humanidad no es nada. Siento que me están haciendo un favor teniéndome en esta oficina. Les incomoda mi presencia: mi gordura, mi calvicie, mi forma de ser, callada y nerviosa. Ese dinero que no me pagan es el dinero que yo les pago por soportarme. A menudo me quedo ha trabajar hasta tarde: cuando todos mis compañeros se han ido: haciendo el trabajo de ellos: los pocos días que mi jefe se queda en la oficina hasta la noche y me ve allí, trabajando, bajo un montón de papeles, el muy cabrón me dice:

-Es que no sabes organizar tu tiempo.

Cuando regreso a casa encuentro a mi madre dormida frente al televisor. Me ha hecho la cena. Ella trabaja de limpieza en unos grandes almacenes. Me como la cena que ha preparado a pesar que, de camino a casa, he cenado dos panes y que llevo meses torturándome, con la idea de empezar el régimen, para dejar de ser gordo. Me gustaría estrangular a mi madre vieja. Arrancarle su vagina repugnante con un chuchillo y tirarlo a un contenedor de basura. Y a ella enterrarla en un bosque muy verde. Creo que ella sería feliz muerta. Cuando ella muera yo heredaré esta casa. Es pequeña pero, por lo menos, ya no viviré con mi madre: la gente se reirá menos de mí.

Tras la cena me acuesto en la cama, trato de masturbarme pensando en mi compañera de oficina. Pero no se me para: porque la imagino riéndose de mi pene, diciendo que es muy pequeño y que no sé mantenerlo firme: que es el pene más mierda de todos los idiotas con los que ha estado. Para colmo, en mi mente, se confunden las imágenes: a la vez que la imagino desnuda veo la cara de mi jefe. Cierro los ojos. Trato de descubrir si soy homosexual. Imagino que se lo estoy metiendo por el culo a mi jefe. Imagino a mi jefe a cuatro patas y yo metiéndoselo por detrás. El pene se me pone totalmente flácido. No consigo una erección. Otra vez veo la sonrisa y los dientes blancos de mi compañera de trabajo:

-Eres un maricón –me dice. Y luego suelta su estridente risita de niña buena.

-Quisiera poseerte Ana –digo en susurros, a mi almohada, a punto de llorar- quisiera que me amaras. No te rías de mí, por favor. Te amo. Quiero dejar de estar solo. Sácame de este infierno que es mi vida.

Historias Largas de suicidios cortos (Vol.I) "Fragmentos"

**Gracias a la gaceta por el reconocimiento (en especial al Tona)

Pt. I


Desde que nací vivo postrado en una puta cama. Veinte años sin levantarme, inmovilizado, inyectándome tranquilizantes que calman los latidos de mi corazón. Si paro de tomar esas fuertes drogas los médicos aseguran mi deceso. Sufro continuos, impredecibles y largos ataques de adrenalina que tratan de hacer puré mi corazón hasta lo humanamente insoportable.

Hoy he decidido que voy a ponerle fin a eso. Mi hermana se va a casar, ya tiene la fecha de su boda. La verdad siempre he estado enamorado de ella. Enamorado en serio, no como se enamoran las personas normales, me refiero a los Pinches ineptos que viven en la ciudad. Los ineptos que sí pueden caminar y que tienen vidas normales porque no viven pegados a una puta cama. Jamás he tenido el valor de confesárselo a mi hermana. Sólo de amarla en silencio. De masturbarme en soledad. En el siguiente ataque de adrenalina, no voy a apretar el botón que inyecta los medicamentos que necesito para calmar mi corazón. Porque no hay nada que cure el amor. Únicamente la muerte.

Nunca será mía.

Desde el quinto piso en donde medio vivo, observo por la ventana. Busco a alguna mujer que se parezca a mi hermana. Necesito imaginar que viene a visitarme antes de mi muerte y a decirme, maldita sea, ya sé que no debería, pero te amo, te deseo, hermano. Una vez más mi corazón ha comenzado a latir con esa puta prisa endemoniada. Cada segundo a mayor intensidad. Cierro los ojos, siento el sabor de la muerte en mi boca. O quizá a esto sabe el terror. No apretaré el botón, ¿Mil pulsaciones por segundo? ¿Es eso posible? ¿Aun no estoy muerto? Nunca había sentido eso. Voy a partirme en dos. Como si fuera aventado por una catapulta salgo disparado de la cama, hacia la ventana, atravesándola. Mi enclenque cuerpo rompe el cristal en mil pedazos. Sin embargo, no caigo. Floto. Vuelo ¿Qué es esto? Tengo alas. Me han salido alas. Alas de buitre gigante ¿Qué ocurre?
Con naturalidad vuelo por el cielo, igual de fácil que parpadear. No me cuesta nada hacerlo. Si hubiera dejado antes de tomar los tranquilizantes, no habría vivido veinte años postrado en una puta cama. Yo no era un enfermo. Era un hombre buitre.
Lloro. Veinte años de vida desperdiciados. Una lágrima se desliza por mi mejilla y cae al vacío hasta, curiosamente, llegar a los labios de quien siempre he amado en secreto y con vergüenza. Nadie es testigo de mi vuelo. Mi lágrima –cualquiera creerá que era sólo eso- cae como gota de lluvia sobre los labios de mi hermana que, mil metros más abajo, espera un autobús para reencontrarse con su prometido, con quien prepara una boda que nunca se realizará.

**A Israel por el aguante y su bella locura q nos hace hermanos

Pt. II


En la copa de un frondoso árbol, oculto entre sus ramas espío, miro a través de una ventana, un humilde hogar. Me ha llamado la atención la historia que de allí sale.

Desde que me salieron alas, veo y sé cosas para las que los Pinches ineptos están cegados. Observo a una mujer muy esquelética, de casi cuarenta años de edad. Su nombre es Martha. No hace otra cosa más que pintar, como si estuviera en trance, cuadros que tienen como único tema calaveras y diablos.

-¡Pinches fantasías de mierda! –Le grita su marido- ¡Pendejadas propias de una adolescente, no de una madre que tiene que cuidar a una niña de 5 años y ganar un sueldo! ¡Dormir y pintar, no haces nada más!

Cuando la delgada mujer no está pintando, cae agotada sobre la cama. Pasa más tiempo durmiendo (atrapada por un sueño muy profundo) que despierta. A Martha no le interesa este mundo. Piensa que tiene que existir algo más inteligente en algún otro sitio. Esta sociedad creada por los Pinches ineptos es tan vacía y vulgar como el mito de Sísifo y su piedra. El sin sentido de subir, cada día, una pesada piedra hasta la cima de una montaña, para una vez allí, tirarla al vacio y correr de nuevo, montaña abajo, con el propósito de volver a subir otra pesada piedra y tirarla nuevamente, hasta que por fin llegue la muerte y extinga esa irrelevante y estúpida forma de vida.

- Sísifo es cualquier pendejo que veo por la calle –asegura para sí la delgada mujer- y su piedra, su sueldo.

La pintora viste con ropa vieja y gastada. En la calle la tratan sin respeto porque su ropa revela su bajo poder adquisitivo. Su esposo continúa gritándole. Le recuerda que con su sueldo no le alcanza para pagar todas las deudas, que su hija y él necesitan que encuentre un trabajo. El marido pasa todo el día trabajando en el taller y cuando llega por la noche, tras sufrir diarios y humillantes abusos laborales, encuentra a la hija de ambos descuidada, la casa sucia y a la delgada mujer, durmiendo o pintando.

-¡Tus cuadros nunca se venden! –Continua gritando su marido- ¡Pasas el día pintando como una pendeja loca! ¡Ni siquiera le haces la cena a tu hija! ¡Si no fuera por los cuidados que le da mi madre, no sé qué habría sido de ella! ¡No lo sé!
Llorando, su marido toma a la niña en brazos y le comunica a la delgada pintora que la abandona. Hace tiempo que se ve con otra mujer, una compañera del taller. Ha decidido empezar una nueva vida a su lado. Una vida junto a una persona seria y responsable con la que pueda seguir adelante, con la que pueda pagar las deudas.

-Tú y yo nos conocimos cuando éramos muy jóvenes –gimotea ahora el marido- Eras preciosa, mágica, tu mundo de fantasía y arte me parecía fascinante. Pero yo no he tenido otro remedio que madurar a fuerza de luchar contra la vida. Tú no. Has seguido adelante a pesar de que sabes que eres un fracaso como artista. Una actitud como la tuya es entendible cuando se es joven; pero cuando se es un adulto, cuando se tiene una hija a la que cuidar, resulta ridícula y enfermiza.

Ella lo mira, acepta sus palabras, se acuesta en la cama. Y tapada con una sabana, susurra:

-Tengo que dormir. Estoy cansada. Sé que tienes razón, pero no puedo dejar de pintar esos cuadros, ni de soñar. No sé por qué. Vete con esa mujer y entrégale nuestra hija. Te comprendo y no te guardaré rencor. Ustedes la cuidaran mejor. Tengo que dormir. Déjame dormir.

A la vez que el marido cierra la puerta de su casa, para no regresar jamás y rumbo a otra infelicidad, ella cierra sus ojos y duerme. La pintora delgada sabe que, cuando los vuelva a abrir, estará sola y sin dinero. Sabe que, dentro de un tiempo, la correrán de esa casa y estará viviendo en la calle. Sabe que su actitud es egoísta, autodestructiva, no obstante, necesita pintar del mismo modo que cualquier persona necesita respirar. Incluso se avergüenza, porque un trocito de su corazón ha sonreído de felicidad al conocer que, por lo menos por unos días, no habrá nadie en casa para molestarla, ni siquiera su hija. Podrá estar dedicada por completo a su arte. Además podrá dormir sin sobresaltos todo lo que necesite.

Desde que me han salido alas de buitre, veo otras dimensiones que ustedes, los Pinches ineptos, no pueden ver. Por eso no dejo de maravillarme. Veo a mil espíritus arrodillados alrededor de la delgada pintora. Cuando ella se mueve ellos también, sin levantarse, sin dejar un segundo de alabarla y honrarla, moviendo sus rodillas que sangran –sangre dorada de espíritu, origina oro en polvo en la vida real- por rasparlas contra el suelo. Mayra es una asesina de demonios, uno de los trabajos más importantes de la otra dimensión. Y los espíritus la honran y alaban a todas horas. La pintora no sabe nada de esto, es inconsciente de que cada vez que le entra sueño profundo es porque la necesitan urgentemente, porque la llaman desde el palacio brillante, para que capture a los demonios que pinta en sus cuadros. Demonios que sólo ella, de ese modo, localiza horas antes de que vayan a abandonar el cuerpo humano que han poseído. Si no los localizara y luego asesinara, esos demonios se multiplicarían y transformarían su vida de Pinches ineptos, en una pesadilla permanente e infernal.

-Dentro de unas horas –le avisan desde el castillo de cristal- uno de los demonios que nos has mostrado en tus cuadros abandonará el cuerpo humano que ocupa.

Si Martha no asesina ese demonio, justo cuando abandone el cuerpo humano que ha poseído, el demonio ocupará uno nuevo.

La delgada pintora, fea, inútil en la vida de los Pinches ineptos, es inconsciente de su paralela vida astral. Sólo sabe que de pronto llegan a su cabeza, caras horribles que necesita plasmar en su pintura. Si no saca esas imágenes de su interior, perdería la cordura. Ayer, una vecina que se encontró por la calle le escupió a la cara y la llamó puta. Dentro de una semana, la echaran de esa casa y tendrá que dormir en la calle. A partir de ese momento la mujer delgada pintará las caras de los demonios sobre la banqueta. Con carbón, o utilizando sangre que sacará de su cuerpo, auto flagelándose.

Otra loca más sobre la acera de una gran ciudad que, al pasear, los Pinches ineptos tendrán que evitar pisar.


*Dedicado a la señora que duerme en la calle, a un costado de la Iglesia de Sn. Martin Tepetlixpan.

Pt. III


Juan Arteaga es el nombre del futuro esposo de mi hermana. Tiene cuarenta años. Ha escrito varias cosas, pero no es conocido por eso, ya que ninguna editorial ha deseado publicar sus escritos. Es español aunque vive en México desde el 2003, trabajando de profesor en una escuela de la ciudad. Adinerado gracias a la herencia que recibió después del fallecimiento de su padre, vive solo en una lujosa zona residencial. En un departamento solitario, el más aislado, el más grande, casi podría llamarse una mansión. Su madre, que aun vive en España, en la casa donde vivió con su ex marido, lo ama y planea irse a vivir pronto a México para asesinarlo. Mi hermana llegará a la casa de Juan Arteaga dentro de una hora, justo lo que tarda en hacer el recorrido el taxi privado y de lujo que paga la asociación de colonos de la zona residencial donde vive. En cuanto su prometida llegue, Juan desea tener sexo con ella. Sin embargo, antes, planea violar otra vez, a la niña que retiene secuestrada desde hace siete meses. A Juan le excita vaciar su placer dentro de la niña de siete años y luego, hacer exactamente lo mismo, dentro de la vagina de mi hermana. La niña está encadenada en un sótano oculto. Se accede al sótano por un pasadizo secreto que Juan Arteaga ha construido sin que nadie sepa. Ahora, allí, se entretiene preparando una gran fogata. Le gusta violar a la niña al lado del fuego. Le gusta oír sus gritos mientras prepara una gran hoguera. Cada vez que Juan Arteaga baja al sótano a preparar la fogata, la niña sabe que va a ser violada y comienza a gritar aterrorizada. Eso, para el futuro esposo de mi hermana, son los preliminares. Con eso empieza a excitarse.

No obstante, mi hermana ha llegado antes a la casa de su novio. Porque en la parada del taxi, se encontró de casualidad, con una amable vecina que conducía su lujoso automóvil; por educación y a raíz de la coincidencia la vecina decidió acercarla hasta la casa. Mi hermana, con su llave de novia, entra en la casa. Por una vez, Juan Arteaga ha sido descuidado y no ha tomado las precauciones necesarias y de costumbre, que han evitado que sus maldades sean secretas para sus seres queridos. Ha dejado abierto el acceso secreto al sótano – donde ha violado y matado niñas tantas veces ya-. Mi hermana, sorprendida, alarmada, desubicada, camina por un pasadizo del que no conocía su existencia: los gritos de terror de una niña y los jadeos de placer sexual de un adulto la guían. Llega al final. Lo ve. Su futuro marido viola a una niña de siete años. Al lado de un gran pene que destroza una pequeña vagina, hay una gran hoguera. Mi hermana grita, como no has oído gritar a nadie, Pinche inepto. Juan Arteaga se ve desnudo, frente a su futura esposa. Espantado, horrorizado, se ve a sí mismo. Mi hermana era él único lugar donde él dejaba de ser un monstruo. Y, ahora, sabe que ha perdido ese lugar de paz para siempre. No puede disculparse, entenderse, explicarse: es un monstruo y huye. La niña de siete años cuando por fin se ve libre de las manos del demonio, sin dudar, se arroja al fuego. Mi hermana no tiene tiempo para detenerla. La niña, feliz, arde, se quema, muere. Creo que con una mueca en la cara que recuerda a una sonrisa. Alegrémonos por la niña, su dolor desaparece, no podemos hacer nada por ella porque ya ha muerto. No crecerá en un manicomio ni será una adulta demente y atormentada. No irá a hospitales a matar a los recién nacidos que sanan en incubadoras.

Juan Arteaga afuera de la casona, huye en su antiguo automóvil. Es un Cadillac del 76, parte de la herencia de su padre. Un coche con clase, decía su padre, quien le enseñó a violar niñas desde que lo consideró un hombre. Juan razona que ya no tiene a donde escapar. Todo saldrá a la luz, no puede si quiera empezar una nueva vida en otro país. Detiene el coche en el bosque, corta un trozo de manguera que guarda en la cajuela, la conecta al tubo de escape, se sienta en el asiento del conductor de su coche con clase, cierra las ventanillas, lo enciende, introduce el lado contrario de la manguera dentro de su boca y, al rato, logra morir asfixiado.

Y el demonio, que poseía a ese Pinche inepto, huye del cuerpo sin vida, porque la muerte de los cuerpos enferma las almas, aunque sean demoniacas. Pero a su lado, aguardándolo, acechándolo, se halla la pintora delgada, con uno de sus dedos de espíritu, que es un cuchillo. El demonio lo recibe y muere para siempre.

Mientras tanto, en el hogar de quien iba a ser su futuro esposo, mi hermana, desquiciada, decide extender la hoguera y acabar con todo. Prende el sótano, la parte de la casa que más lo merece, luego el resto de los pisos por encubridores, primer piso, segundo y, en una silla del tercero, se sienta a esperar a que las llamas suban.

Cuando llegan, se tira por la ventana. Tampoco su cuerpo se aplasta con el suelo. A mi hermana también le salen alas de buitre.

-Somos humanos buitres –le digo, porque estoy a su lado- Y te amo.

Y volamos.

Dejamos en el suelo, consumiéndose, la casa de los horrores ardientes de Juan Arteaga. Jamás encontrarán ni sabrán nada de su sótano de terror. Jamás sabrán que era un asesino y un despiadado violador de menores. No obstante, alguien encontrará en el despacho de la universidad donde imparte clases, su novela rechazada. Será entonces por fin publicada y, por todos, recordado como un genio incomprendido mientras respiraba.

-Y una buena persona –afirmará su madre, que en secreto mató a su padre cuando descubrió sus perversiones, y rogó a su hijo se fuera del país, para no tenerlo que matar también a él. Ojos que no ven, corazón que no siente, pensaba.


***...

Fragmento de un escrito del sr. Charles Bukowski

“Un hombre tenía que pasar por muchas mujeres para encontrar a la suya, y si tenía suerte ella estaría ahí. Para un hombre, quedarse con la primera o la segunda mujer de su vida demostraba ignorancia; aun no tenía ni idea de lo que es una mujer. Un hombre tenía que seguir sin rumbo y esto no significaba sólo acostarse con mujeres, follárselas una o dos veces; significaba vivir con mujeres durante meses y años. No culpo a los hombres que tienen miedo de hacer esto, ya que es exponer el alma para que te la arrebaten. Desde luego, algunos hombres simplemente se establecen con las mujeres, se rinden, dicen: ya está, es lo mejor que puedo hacer. Hay muchos de esos, de hecho la mayoría de la gente vive bajo bandera de tregua, se dan cuenta de que no funciona su relacion del todo, pero no importa, ¿Qué va a pasar en la tele esta noche? Nada. Bueno, de todos modos vamos a verla; es mejor que mirarnos el uno al otro, es mejor que pensar en esto. La tele mantiene unidas a más parejas con problemas, que sus propios hijos, o su religión.

Pensar en todos los millones de personas que están viviendo juntas a disgusto, y odian sus trabajos y tienen miedo de perder sus trabajos, no me extraña que sus caras parezcan lo que parecen.”






*Proximamente mi exito mundial, "Historias Largas de Suicidios Cortos"

...

A ella nunca le a gustado que fume, dice que no me respeto a mi mismo —me pregunto....cuando me ha visto hacerlo?—, yo siempre trato de fumar cuando ella no esta cerca para no incomodarla y que no incomode tragar el alquitrán de un buen cigarro barato.

Algunas veces suelo dar paso a la memoria, y preciso la borrachera en casa de Armando, cuando ella me dijo llorando "te quiero", sentados en la oscuridad de aquel balcón, y después riéndonos de los anuncios de crédito que una agencia automotriz ofertaba en su plan de venta y mas a lado de esta una tienda de electrodomésticos festejaba su aniversario e igual daba facilidades de pago en sus productos.

Y fue ahí mismo que hablamos por última vez de nosotros con la seriedad de quien toma por hecho que todo se acabo:

¿Todo se esta yendo a la chingada otra vez verdad? ―pregunte con ganas de que ella no dijera nada―

Si —Fue la primera vez que me dijo algo sin mirarme a los ojos—

Mmm… —Tampoco dije nada—

Me reí, estaba mal, pero no quería que me tomara por chantajista, dejamos el balcón y regresamos adentro, saque de mi bolsa un chocolate que le había comprado un día anterior, este ya había distorsionado su figura por el calor de traerlo en la bolsa.

Mira como me has dejado —Le dije—

No respondió nada, la abrace… no sabes como te voy a extrañar estas vacaciones ella me abrazo....

Regrese a casa entre el ruido y el rumor del medio día de la avenida transitada por autobuses.

Pase como pude las vacaciones siguientes, y aunque seguí recibiendo sus mensajes firmados con un “Tkm” no pude sacar de la cabeza nuestra última conversación; Las vacaciones terminaron y regrese a la escuela, no niego que regrese aun con la esperanza de arreglar la situación, fue inútil ella no me esperaba ya!

A veces vuelvo a casa de Armando, de vez en cuando a embriagarme, pero casi siempre voy para salir a ese balcón que da a la calle para asomarme a ese pedacito de mundo que se ve desde su casa, y para mi mala memoria aun siguen ahí los anuncios de crédito automotriz y el letrero del aniversario de la tienda de a lado que se les olvido borrar…pero ya no esta ella a lado mío diciendo te quiero mientras yo fumo un cigarro.

La novia perfecta

Quiero una novia que sea bisexual. Sólo a ella podría amarla durante el resto de mi vida.

A ella y a mí, cuando camináramos por la calle, se nos irían los ojos tras las cosas más bellas de la vida: una falda corta, unas piernas bonitas, un hombro sugerente, una espalda desnuda.

Mi novia bisexual no me miraría con cara de “eres un enfermo y me das asco” cuando descubriera el material pornográfico que guardo dentro de mi computadora, ella lo admiraría a mi lado. Y me enseñaría el suyo. Nos excitaríamos, haríamos el amor.

Pondríamos un negocio, una de esas tiendas de ropa que están tan de moda y en las que no dejan de entrar mujeres. En los probadores instalaríamos cámaras secretas para grabar a las chicas guapas que se prueban la ropa. Nos tomaríamos de la mano, gritaríamos de emoción, cuando una chica, que estuviera especialmente buena, entrara en el probador.

Saldríamos por la noche a ligar y, en casa, compartiríamos nuestras conquistas, como vampiros. Porque una cosa es hacer el amor y otra es tener sexo. Una cosa es querer estar al lado de tu amor toda la vida y otra es querer hacerle el amor únicamente a ella. No sólo necesito una novia bisexual. También necesito que sea una pervertida como yo.

Plagiando en domingo

Me dice que nunca más nos volveremos a ver.

-A mi novio lo amo mucho, y tú eres un problema.

Mientras se pone la ropa, tomo sus 2 cajetillas de cigarros, las que deja siempre en mi cuarto, y las meto dentro de su bolsa.

-No –me dice- déjalas aquí.

-No las quiero–explico- yo ni fumo.

-Que las dejes aquí –reclama, mientras me quita la bolsa y vuelve a poner las cajetillas sobre la mesa

Un rayo de esperanza me ilumina el rostro, ¿Será mentira eso de que no nos vamos a volver a ver? ¿Por eso quiere dejar las cajetillas en la mesita de mi cuarto? No la quiero. Pero tal vez la quiero. Eso que acabo de componer, es de un poema del Sr. Pablo Neruda. Sorprendido por mi plagio, recuerdo y repaso, mentalmente, el poema original, mientras la vecina de enfrente canta una fea canción.

“A lo lejos alguien canta. A lo lejos”

En ese poema, el Sr. Neruda habla sobre la chica que me esta dejando en este preciso momento, ¿Habrá estado ella también cojiendose a Neruda? Eso es Imposible. El Sr.Neruda murió en el '73. Y estamos en el 2009, ella tiene 26 años. Pero, sin duda, el poema habla sobre ella, sobre esta situación. Incluso nombra al pendejo de su novio:

“De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.”

Tal vez todos los humanos somos repeticiones. La historia de la humanidad es exactamente la misma desde el principio de los tiempos. La prueba está en que yo, un pendejo idiota y sin estudios, acaba de componer el mismo verso del Sr. Neruda, en un cuartucho.

No voy a ponerme triste por que se largue, volveré a conocer a otra mujer como ella. En este mundo no hay más que dos tipos de personas, "X" y "Y".
Y nada más intercambiamos las situaciones y los sentimientos: a eso nos dedicamos en este puto mundo.

-¿Qué tanto piensas? –me dice.

-Que este es el último dolor que me causas y esto lo ultimo que te digo.

-Que teatrero eres –sonríe- ¿No? Eso es de un poema de Neruda.

-Sí. Pero también es mío.

Ella se va, para siempre, del cuartucho.

Quedo sólo con lo que soy. Y con el recuerdo de sus tetas, antes de que se las metiera dentro del brasier.

Los días con mi esposa (relato)

Le quito la ropa a mi mujer, hace meses que no nos tocamos, tengo miedo de que se vaya con otro, o que murmure con sus amigas:

-A mi marido ya no se le para.

(Me masturbo muchas veces en el día, en el trabajo, en la casa, siempre solo)
Le quito la ropa a mi mujer, y al verla de frente tiemblo, no se me va a parar:... ella sigue siendo flaca, bella, joven, guapísima, sigue teniendo esos pechos por los que un día, cuando éramos novios, lloré porque quería metérmelos en la boca:

-Yo no soy una cualquiera –me decía.

Ahora la veo sin ropa, tendida sobre la cama, y es como carne rosa de salchichonería que reposa en esos estantes del Wallmart, yo no compraría esa carne aunque, cualquier otro tipo cuerdo, pagaría lo que fuera por comérsela, lo único que deseo hacer, con ese pedazo de carne, es abrazarlo, con cariño.

Nos casamos. Y yo en verdad la amo, jamás me voy con otra mujer, aunque me muera por hacerlo, sin que nadie se entere, ni siquiera a la mujer a la que se la meta: ¿Irme con una puta, quizá?... no, no quiero engañarla la respeto.

¿Qué es eso el respeto?

La confianza y el matrimonio no son algo coherente, pero tampoco lo es el amor. Ni tú, ni yo, ni el odio, ni tu patrón, ni que, por las mañanas, haya tanta gente triste en el metro camino al trabajo.

Estos días

En este preciso momento podría estar contigo, tomando como mil cervezas en esa terraza donde el mesero sueña con cojerte (y una buena noticia para él. lo hará algún día). Hablando con viejos que van a los bares a esperar la muerte. Metiéndote los dedos, en plena calle, por el hueco de tu pantalón, y luego chupándome los dedos para saber a qué sabes. No sabes a nada aun, es que aun no sientes nada por mí, te haces la chica dura, pero sé que estás asustada. Hablando de música, rompiendo todos los libros que no te gustan, conociendo lesbianas que nos proponen hacer tríos, pidiéndole el teléfono a la chica de las pizzas y luego rompiéndolo para que sepas que no la voy a llamar y que sólo quería ponerte celosa (pero debería llamarla y olvidarte, seguro ella me trataría mucho mejor), hablando de lo insignificante que es todo el mundo a nuestro lado, (aunque sinceramente, yo no lo crea, quizás seamos una mierda peor, por lo menos tú).

Podríamos pasear por un parque muy verde que conozco. Ahora está soleado. Y mientras, sonará el teléfono, sin parar. Será tu esposo que quiere que vuelvas a casa. Con tu niño. Pero no puedes porque, en estos momentos, hay algo demasiado autentico entre nosotros dos.

-Cojeme en el baño –me dijiste.

No se me antojaba todavía, pero fuimos. Porque sólo cuando te coja conseguiré mi propósito, que te enamores de mí. Te amo.

-Me has decepcionado –me dijiste en el baño- eres como todos los demás. Deberías haberme dicho “no” en vez de ir al baño.

Y no cojimos. Y preferí no explicarte nada. Me sentí honrado de que me consideraras “como todos los demás”.

Pero como no me llamas. Me encierro sin luz en mi casa. Me niego a trabajar o hacer algo. Me niego a ser consciente de que pasan horas sin estar a tu lado. Me acuesto sin sueño, cierro los ojos y espero a que el día pase. No quiero vivir un día sin ti. Por lo menos, no este. Cómo puedes ser tan estúpida y no llamarme. Cómo puedes ser tan mediocre en preferir a tu esposo y tu vida de mierda, que venirte aquí conmigo a vivir la vida, la pobreza, el sexo hambriento y los corazones verdaderos. Cómo puedes ser tan estúpida en rechazar toda la nada que te ofrezco ¡¿Cómo?! No quiero corregir esto que escribí, redactarlo bien. Sólo te mereces pura mierda. Puta, te quiero. No te doy ningún madrazo, porque sé que te excitarías

El día que me casé

Ella y yo fuimos hasta el mar. Con los pies descalzos, tomados de la mano, caminamos sobre la arena hasta la orilla. En nuestra mano, teníamos una flor que ambos habíamos adoptado, una flor del jardín de su abuela.

Llegamos a un lugar donde no había nadie.

La abracé, le dije:

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Callamos. Le dije que ahora me lo tenía que pedir ella. Asintió.

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí.

Y tiramos la flor al mar, muy lejos.

-El que quiera divorciarse –dijo ella- tendrá que recuperar esa flor. Si no, hasta ese momento, no nos podremos separar.

-De acuerdo –contesté.

Me arrodillé ante ella y saqué, de mi cartera, el anillo. Un anillo vibrador de esos que se ponen en el pene.

Se lo puse primero en un dedo

Y más tarde, al llegar a la casa, se lo metí por la vagina.

Desde arriba

Me aparto de las personas que dicen “no puedes”. Me rio de las personas que aseguran que tú no puedes volar. Porque yo lo he hecho. Varias veces. Cuando alguien te dice “no puedes” es porque esa persona “no puede”. Pero tú sí puedes. Por supuesto. Hay mucha gente que no sabe llegar a los sitios si no lo llevan en coche. Yo sé ir caminando: sin siquiera usar transporte. Tengo unos pies fuertes y tomo poca agua por kilómetro. No soy un camello, pero sí un escorpión. Voy a llegar quieras o no. Hay piedras por el camino: es importante que no te quedes tropezándote con ellas. Si te has dado una madrazo con una piedra, bueno, es cosa del pasado. No sigas pensando en la piedra, en el presente. Respira y sigue: al fin y al cabo las piedras del camino no sirven para nada, salvo para hacerte perder el tiempo ¿Vas a dejar que una piedra se realizé y tú no? Sé más listo que una piedra. Y no tengas miedo a los atajos,: son sólo para los inteligentes. Sé valiente. Es más divertido que ser cobarde.

Hay personas que han caminado por la luna sin traje de astronauta. Hay personas que se han bañado en el Sol. Yo no he llegado aun hasta allí. Pero sólo porque me he autolimitado. No obstante, sí he volado con gaviotas y hasta me he follado a una ¿Y tú? ¿Toda la vida arrastrándote por el suelo? ¿No tienes ganas de volar? ¿Sólo de vomitar?

Por mis venas hay sangre de gigantes. De esos que toman con sus manos a los humanos, que son enanitos y los aplastan. Bueno, por tu cuerpo también hay sangre de esa, pero quizás no te has dado cuenta. Anímate, se que puedes.

La flor (para Disney)

Hace mucho tiempo en un reino muy muy lejano...

...Una flor azul abrió sus pétalos; en ella vivía una joven de largos cabellos negros, que vestía únicamente medias transparentes hechas con seda de gusano. La joven se deslizó por encima de un pétalo y comenzó a cantar, pues deseaba ser cantante. Cada palabra suya provocaba una hermosa nota musical. Una abeja dejó caer un poco de miel sobre ella y la joven, alegre, comió gustosa. De pronto a lo lejos, una flor carnívora sacó sus raíces de la tierra, se arrastro por el bosque y capturó a la cantante.

La flor no la mató, se plantó de nuevo en el suelo y la mantuvo atrapada entre sus fauces, con la intención de tenerla ahí para toda la vida.

En vano fueron los esfuerzos realizados por cada uno de los animalitos del bosque, con el fin de liberarla; lo único que pudieron hacer fue meterle comida entre las espinas que hacían de dientes de la flor y que actuaban de barrotes.

Al fin de unas cuantas semanas la niña notó que, sobre la flor , se ceñía la sombra de la muerte.

-¿Qué te sucede? -le preguntó.

-Te tengo en mi boca. Y por ello, no puedo comer.

-Si me sueltas podrías comer y no morir.

-Te amo, mi princesa. Quiero que seas sólo para mi.

-Tu no me amas. Si me amaras no me tendrías cautiva.

-¿Qué sabes tú del amor? -contestó enojada la flor- El amor es maldad, un juego. Es cierto que Dios lo creó, pero fue el diablo quien supo manejarlo como aliado y así poder extender todo su mal, el que ama, frecuentemente se convierte en un vanidoso incomprensible de su propio amor, no le importa nada más allá.

-Tu amor no es bueno.

-Podría comerte y decir que fuiste para mi. ¡Qué tontería! Elegí morir por amor y, sin embargo, voy a hundirme en el infierno.


Dos noches después la flor murió y la joven fue liberada por los animalitos del bosque, quienes lo celebraron con un gran banquete.



**Para mis sobrinitas Aitzin y Samantha las amo las amo las amoooooo

Después de hablarle por Fon

Soy soltero, puedo quedar de verme y follar con quien quiera. Aunque sea pensando en otra chica. Aunque sea para empezar a olvidarla. La chica que me dijo que si, no esta nada mal. Pero también no es la gran cosa. Es la misma basura que todo el mundo. Sólo que está un poco más buena que las demás y, bien, eso a los hombres nos vuelve débiles. Pero ya está. No soy un pendejete para volverme loco por una mediocre. Puedo estar un par de semanas equivocado, luego despierto. Ya lo hice una vez, conseguí a la chica y no fueron los mejores años de mi vida precisamente. No quiero seguir siendo un sadomasoquista. Quiero ser feliz. Encontrar a una chica guapa, lista y cínica.

Llego a la cita. La chica está buena. Otra vez muy joven para mí. 17 años. Me gustaría cojer, conocer chicas de mi edad, pero sólo se fijan en mí las de 17-20 años. Definitivamente no va a ser la chica de mi vida. Eso lo sé nada más al verla. No brilla. Es otra mediocre. No tengo ganas de hablar con ella. No me sirve de nada salvo para una cojida.

-¿Qué tal? –saludo- ¿Nos vamos a cojer?

-Chingao –la chica se enfada- te tenía como una especie de buen amigo o bueno quizá no tanto, pero como alguien especial, diferente. Pero eres la misma mierda que todos los demás.

-Como si tú no fueras la misma mierda que todas las demás.

A mi me gustaría ser como mi perra. Mi perra es super feliz dos veces al día, cuando la saco a pasear. Yo, a lo mucho, soy feliz dos o tres veces al año.

-Realmente quería conocer los entresijos de tu mente, saber que rompecabezas tienes ahí dentro y además no ser una chica más, sino que te acordaras de mí a menudo. Pero después de todo se me ha quitado la curiosidad. Me recuerdas a los pendejos de mi salon a los cuales no les veo ni un pizca de cerebro.

-Esos pendejos de tu salon son, por lo menos, sinceros. Y nena, lo más seguro es que te terminarás casando con uno de ellos, que se va a buscar putas porque no hay nadie que quiera estar con el de a gratis. Así que despierta y deja de pensar que eres especial porque nadie lo es. Somos todos cerdos, pero vamos con mascaras. Yo no.

- Te veía desde la perspectiva de una persona a la que nunca llegaría hablar.

Después de esta conversación mi mente y el concepto en el que te tenía han vuelto a la tierra dejando al descubierto que no eres más que una persona más del monton.

-Pues claro que soy una persona más ¿Quién te esperabas que iba a venir? ¿He-Man? ¿Un ser mitad hombre mitad águila?

La chica se encabrona. Se va. Me voy. Me sigue. La agarro. Le doy un beso en la boca. Me da un bofeton en la cara. Le agarro la cabeza con fuerza. Le doy un beso. Me besa. Le meto la lengua. Me mete la lengua. Le toco las tetas. Le digo que vayamos a mi casa. Me dice que no. Le digo que me voy a mi casa. Me sigue. En el metro no nos sentamos juntos. Por la calle caminamos separados. Ella detrás de mí. A mi me da vergüenza que me vean con ella. No porque sea fea, que no lo es. Si no porque no brilla. Cualquiera que nos vea juntos sabe que yo no estoy interesado en ella salvo para cojermela. Y eso me da vergüenza. Debería de ser más fuerte. Pero si estoy una semana sin follar transmuto en un cerdo y no pienso. Entramos en mi casa. cojemos. Me pongo un condón. El condón más grueso que tengo. No quiero tener hijos con ella. Por nada del mundo quiero tener un hijo con ella. Me suicido si dejo embarazada a una mediocre.

-Si te volviera a ver podría enamorarme de ti –me habla tierna: un minuto después de yo haber eyaculado.

-Perdóname, no te quiero volver a ver –le aclaro.

-¡Pero hemos cojido!

-Dame las gracias y olvídame. Yo también quiero estar con mucha gente y no por ello esa gente va a estar conmigo. Se puede elegir con quien pasar el tiempo. Algunas veces se gana, y otras se pierde.

-Eres un cabrón –me dice- Te crees que eres alguien especial. Pero no eres nada.

Llora.

-No seas patética. No conviertas este éxito en un fracaso.

Masturbate pensando en mi y búscate un chico que te mantenga y te dé seguridad; uno al que ponerle los cuernos con remordimientos, de vez en cuando. Intenta ser feliz así, como todas.

Y se va. Y yo me quedo dormido. Es lo chido de cojer en mi cama.

Que después no tengo que ir a ningúna parte.

Hablandole por fon

Sé que no debería de llamarla, voy a parecer un pendejo desesperado. Pero qué chingaos. Soy un pendejo desesperado. Me gusta vivir las cosas con desesperación. Me gusta desear las cosas intensamente, con todas mis fuerzas, como lo hacen los niños el día de los Reyes Magos, antes de ir a la sala a ver sus regalos mágicos o cuando quieren que sus madres les compren algo en el mercado.

Tengo muchas ganas de estar con ella. Sé que en la cita de esta tarde, no me la voy a coger pero, que chingaos, tengo ganas de beber y reírme con ella. Le gusta la chela obscura como a mí. Ella está demasiado buena para mí en el 2009. Si estuviéramos en el 2001 seguro que le bajaba la tanga en menos de 15 minutos y cogiamos súper a gusto dentro de un baño. Pero en el 2009, o me dice que se la ha pensado bien y no quiere ir conmigo, o nos estamos un rato en la tarde y a los 30 minutos se tendrá que ir. Así que, como sé que ni de suerte me la voy a coger, me siento más descansado. A la mierda. La llamo. Tengo ganas de escuchar su voz. Tengo ganas y punto. No voy a pensar si me voy a ver mal o bien por llamarla. Quiero escuchar su voz y vaya si la voy a escuchar:

-Emmm…Hola Lorena ¿Qué tal? –pregunto.

-Hola. Eh… Es demasiado temprano para llamar ¿no?

Son las 8.30 de la mañana. Me dijo que hoy era su día de descanso. Los mediocres, en la mañana de su día libre, suelen dormir hasta la hora de la comida. Yo, como no trabajo, duermo cada día hasta la hora que me da la gana. Es más, dentro de un rato me voy a la cama porque me he pasado toda la noche escribiendo un buen de pendejadas. Que se joda si ya la desperté. Será muy guapa pero poco inteligente, yo cuando estoy durmiendo apago el teléfono. Además, apuesto lo que sea a que no estaba durmiendo.

Tiene la voz muy bonita para ser lo primero que emite al despertarse. Seguro que está fornicando con un tipo. O con dos tipos. Las chicas súper buenas como ella se los cogerán de dos en dos porque tendrán demasiada lista de espera. Estará cogiendo a todas horas. Menos esta tarde, de 16 a 17 horas.

-Perdona, princesa. Era para saber si esta tarde nos vemos.

-Sí, a las 16 horas -me dice.

Y cuelga. Espero no haberla molestado. Mis intenciones con ella son buenas:

Enamorarla, casarme y hacerla feliz. Sé que no lo voy a conseguir pero tengo muchas ganas de verla.

La historia de mi vida

Necesitaba emborracharme para olvidarme de ella, aunque fuera solo por un momento. Pero no quería hacerlo en mi casa. Así que salí y entre en una cantina para ancianos. En esas cantinas se toma barato y la gente suele dejarte tranquilo. Y si no, da lo mismo, porque ahí todos son como tú, unos perdedores. Y los perdedores somos todos hermanos, no nos molestamos nunca, hasta nos abrazamos.

Cuando iba por la quinta jarra de cerveza, pensé que comenzaría a llorar pensando en ella. Pero entonces lo vi:

Era un viejito, sentado frente a mí, me miraba con ojos emocionados. Pensé que me había reconocido, que era el único lector de este blog. No. Eso era muy improbable, enseguida supe la verdad. Ese viejito era yo. Pero con 40 años más.

-Me has reconocido, ¿verdad? –me dijo.

-Sí. ¿A qué has venido?

-He venido por la agencia de viajes. Hay una oferta, en el futuro puedes viajar en el tiempo para ir a presenciar momentos importantes de tu pasado. Siempre y cuando no interfieras en ellos. Sólo presenciarlos. He estado reuniendo dinero durante años, comiendo sólo frijoles. Conseguí el dinero y aquí estoy.

-¿Y has elegido este momento? ¿Yo solo, derrotado por una zorra que no me quiere a mí pero que en estos momentos esta acostada con un pendejo que no vale la mitad que yo?

-No. No es esto. Es lo que va a pasar dentro de 15 segundos –dijo muy emocionado- Hoy vas a conocer a la mujer de tu vida ¡Va a entrar por esa puerta dentro de 15 segundos!

El viejito dijo todo esto súper emocionado, con la voz temblorosa y los ojos llorosos. Se notaba que la había querido muchísimo. Y, a los 15 segundos, efectivamente, entró en ese lugar de mierda la mujer más pinche hermosa de esta galaxia (y sus alrededores). Entró a comprar un cigarro suelto.

-Ahora verá que no tiene monedas y vendrá a la barra a pedir que le cambien un billete –me dijo el viejito con los ojos rojos por el dolor- Se pondrá a tu lado. Te mirará y tú te enamorarás de ella inmediatamente, como nunca lo has hecho ni harás de nadie. Prepárate a sentir el AMOR TOTAL. El amor que se siente solamente una vez en la vida. El AMOR SOBRENATURAL. El AMOR DE LAS PELÍCULAS Y DE LAS LEYENDAS IMPOSIBLES DE CREER ¡EL AMOR!

-¿Cuántos años estuviste casado con ella? –pregunté asombrado- ¿No tuviste hijos? Me extraña que no te hayan acompañado. Imaginaba que sería un buen padre.

-No para nada. Me dejó tener sexo con ella unas cuantas veces. Las mejores veces de mi vida. Pero como soy pobre jamás quiso casarse conmigo y se casó con un arquitecto. Pero de verdad te digo que el tiempo que pasé con ella fue el mejor de mi vida.

Y mientras el viejo se rompía a llorar nuevamente, la chica se acercó a la barra, sacó un billete de 50 pesos y me miró. Pero yo cerré los ojos justo a tiempo, le di tremendo madrazo a su barbilla perfecta y me fui del bar corriendo, tras escupir sobre ella y llamarla puta. Que se vaya a la chingada el amor.


A mí no me va hacer sufrir ninguna pendeja, nunca más. A partir de hoy, en esta puta vida de mierda, mi corazón deja de funcionar para el amor y se concentra únicamente en el conocimiento.

Hablando de la Madre Naturaleza

Tomo cervezas con una chica con la cual solo quiero pasar el rato. Como ya no estoy como hace 7 años, trato de enternecerla para comérmela. Decido montar el número de “amo tanto a mi gato”. Quizá así crea que yo pueda ser un gran padre. Tengo la maldición de que las chicas no me quieren sólo para utilizarme, sino para mantener una relación formal:

-Mi gato me enternece hasta grado infinito –le digo-. Es tan bueno. Lo que me gusta tanto de los animales es su inocencia. Lo buenos que son en contraste con los seres humanos.

-¿Te gustaría ser como un animal? –pregunta ella.

-Creo que sí ¿Y tú? No sé. Veo que mi gato, para ser feliz, sólo necesita comida, que le rasque las orejas, y tener una pelotita.

-Pero eso es porque no es inteligente. Porque los animales no tienen tanta inteligencia como tú o yo –replica ella.

-Si para poder ser feliz de una puta vez he de renunciar a mi inteligencia, que así sea. Los animales se diferencian a nosotros porque no tienen inteligencia ni maldad.

-¿Entonces crees que la inteligencia origina la maldad?

-Eso es. Pero no creo que a mayor inteligencia, mayor maldad. Ni lo contrario. Lo que creo es que la inteligencia origina maldad por orden directa de la madre naturaleza. Que la naturaleza necesita que algunos seres humanos seamos malvados para que la vida pueda continuar.

-¿Te estoy entendiendo mal? ¿Crees que, por ejemplo, Hitler organizó tanta matanza porque la madre naturaleza así lo necesitaba?

-Exactamente. Pero él no lo sabía. Él sólo era un asesino. Pero fue porque la madre naturaleza necesitaba que lo fuera. Si la madre naturaleza quisiera, no habría asesinatos jamás. Es ella quien nos fabrica y utiliza. Nosotros sólo podemos decidir qué hacer con nuestro tiempo libre. Existen accidentes como el del camión del otro día. Pero es la madre naturaleza quien fabrica monstruos u origina terremotos.

-Pues con sólo un terremoto podría matar a más personas que las que Hitler podría matar en siete vidas.

-Pero fabricando a un asesino, puede llegar a matar a personas en concreto sin necesidad de matar las que le rodean. Por ejemplo, quizá la madre naturaleza quiere matarme por revelar este, su secreto. Pero no le interesa provocar un terremoto en esta terraza donde tomamos esta cerveza pues necesita tu vagina para que te insemine alguien. Así que ha estado creando durante todo este tiempo a un psicópata para que, cuando yo salga de este bar, me lo cruce y me mate. Todo esto como segunda opción, pues si ella hubiera sabido que yo iba a tener este pensamiento a los 27 años, la madre naturaleza me hubiera ido originando un cáncer para que a los 23 hubiera estado muerto.

Seguimos filosofando y tomando cervezas. A medida que sigo hablando pendejadas y emborrachándome, la chica me mira cada vez más raro. En un momento dado, cuando comienzo a hablarle sobre Dios y mi teoría de que es un pervertido sexual, le meto la lengua en la boca. Ella me aparta, dice que va al baño. Le pido perdón por haberme abalanzado sobre ella. Se levanta de su silla y va al baño. Cuento hasta 60, es el tiempo que imagino que tarda en bajarse los calzones, mear cerveza y limpiarse. Voy al baño de mujeres. Entro. Me la encuentro mirándose al espejo. Sola. La vuelvo a atacar. No se defiende. Se deja. Le levanto la falda y se lo hago a lo bestia, como el animal que sueño ser, un perro, mitad cerdo, mitad caballo, mitad cerdo. Noto como la chica termina, después de unos segundillos yo también dentro de ella, le formo un estanque lleno de espermatozoides carnívoros.

-Es la primera vez que me coje un loco –me dice con mirada de gata, tras recuperarse- …espero que no sea la última…
….

Salimos del bar. No hay ningún psicópata esperándome para matarme. Así que imagino que la madre naturaleza desea que haga público su secreto. Imagino que es porque está cansada de matar, de originar tantos crímenes. La madre naturaleza desea que la detengan. O que la comprendan

En el pais de las maravillas

Yo no quiero que este amor que ahora siento por ti sea un puto resfriado. Una enfermedad de mierda que se cure a los 4 días. Yo quiero que nuestro amor sea un Sida, una enfermedad incurable con la que debamos de cargar el resto de nuestros días. Los dos estamos enfermos de este amor que se llama sida. Y que éticamente, sólo podamos acostarnos juntos.

Este amor que me das, me hace caminar sobre las nubes. Y la gente, yo mismo, decía que era imposible. No quiero volver a bajar al infierno de los mortales, donde no se enamora nadie, donde el amor es una disculpa para ayudar a pagar la renta. Donde el amor es tener malos modales. Una broma de mal gusto. Un comportamiento políticamente correcto.

Te escribo desde un bar. Ha llegado un hombre con corbata.

Le pido al mesero, una carne asada y unas papas. Estoy seguro que ese hombre con corbata no sabe nada de nuestro amor. Estoy seguro que ese hombre no sabe de qué se trata este amor. Tu amor me ha subido hasta el país de las maravillas, justo al lugar donde la gente dice que no se puede llegar. Amor, es el mejor sitio. Porque en esa zona no hay nadie más que nosotros dos.

La razón por la cual no escribo de amor

Si te digo que casi no escribo cosas de amor
No es por el rencor paciente de mis penas
Es la verdad que se halló contigo un día
Y no pudo encontrar las palabras justas
La expresión suficientemente decente
Para decir: te amo a pesar de esta imbécil muerte en la que me tienes
Por eso y por más
Yo de amor, casi no escribo.

Yo solo se amar como aman los humanos.
Rara generosidad, calma limpia
Del que ya no espera nada de la vida.

NUBES Y ARCOIRIS, (en un mundo de color de rosa)

Entramos en una fonda, pedimos un menú de $35. Ella es hermosísima, en cuanto a belleza ella es de clase A, y yo de clase D no obstante, ella me decía a cada rato:

-Eres precioso. No me canso de mirarte. Estás guapísimo así, con el pelo un poco largo. Todas las chicas con las que nos cruzamos por la calle se te quedan viendo.

Y yo me ponía delante un servilletero metálico, para que su cara se reflejara en él. Deseaba que se callara; quería pedirle matrimonio, ella me hacía inmensamente feliz, me daba todo lo que necesitaba, me hacía reír y cada día, le dedicaba mucho esmero y amor a mi persona.

Pero justo cuando iba a pedirle matrimonio llegó una familia a la fonda, entre los miembros de esa familia había una chica joven que se sentó de espaldas a mí, llevaba un pantalón muy pegado que al sentarse, hizo que la parte de atrás de su tanga (roja) saliera a la luz. Y yo la vi.…

…para colmo, al rato, esa chica se volteó y me sonrío, con una expresión que decía que ella estaba a mi alcance, que se ofrecería a mí si no fuera porque ella estaba con su familia y yo acompañado.

Esa tanga roja, esa sonrisa, frenaron mi declaración de amor.

Me hicieron pensar en los arcoiris que nunca penetraría, en las nubes sobre las que nunca me acostaría. No pedí matrimonio a mi amor.

Y al poco tiempo, otro cabron me la quitó.

Ahora, extraño levantarme antes que ella y preparar su desayuno: café con leche, un sándwich de jamón y su pastilla anticonceptiva para que no se quedara embarazada de mí.

Cuando recuerdo porqué la perdí, pienso en lo que soy, y en lo que seré por siempre.

Hombres enamorados

El muy cabron no sabía que en aquella discoteca, su novia lo espiaba. Así que trató de besar a una gorda. La gorda le dijo que no. En venganza, su novia vino a mí. Me besó, delante de él. El guey quería matarme, pero sus amigos lo agarraron. Su novia y yo salimos de la discoteca, fuimos hasta mi casa. Su novio nos siguió. Nos lo encontramos frente al portal. El pendejo no me atacó. Quedó inmóvil y de rodillas sobre la banqueta, comenzó a gritar al cielo oscuro, a la luna. No gritaba palabras. Sólo una letra. A. Una y otra vez. Me quedé un buen rato mirándolo, pensando que presenciaba una dramática obra de arte. Emocionado, se me pusieron los pelos de punta. Sin embargo, me llevé a su novia a la cama. Uno aprecia el arte, pero no es imbécil.



En otra ocasión, estaba en una fiesta con una chica que era pretendida desde hacía años, por otro chavo. Ella era mi novia y yo, aquella noche, me sentía triste, mi cara así lo reflejaba. Cuando me fui a buscar una cerveza, el tipo se me acercó. Me dijo:


-¿Por qué diablos crees que tienes derecho a estar triste?

No contesté. Los hombres me suelen dar asco. Me parecen unos cavernicolas sin sentimientos, pendejos, egoístas y sin cerebro. Pero cuando los veo derrotados, enamorados, me parece que, en la Tierra no se puede hallar mayor poesía.

Amor de otra dimensión

Soy de esas personas que si lloran es sólo porque están muriendo.

Soy de esas personas que piensan que casarse por la iglesia no sirve para nada.

Si un día me caso, lo haré por medio de un rito satánico. Que el diablo o una de sus bestias presidan la ceremonia y haga que, si me dejas o me eres infiel, tengas que morir de una enfermedad dolorosa, espantosa, que dure hasta el día que yo muera: el día que te olvide.

El matrimonio es para personas normales. El amor, para seres sobrenaturales. Y cuando cojemos, reescribimos el sagrado testamento, un tuteo a Dios y al cielo .

El pasado

De pura casualidad, me encontré con un gran amigo. Pasamos la adolescencia juntos, persiguiendo princesas, estudiando, contando el uno con el otro bajo cualquier circunstancia. Luego, él encontró novia y se alejó. Perdimos la amistad diaria. Hoy trabaja en una empresa farmacéutica, está casado con otra chica.

Para celebrar el fortuito encuentro, nos fuimos a tomar una cerveza helada con limón a una terraza. A los 10 minutos de estar hablando con él, quería morirme.

Sólo me entraban ganas de decirle:

-¿No puedes volver a ser cómo eras antes? ¿Por qué la persona aburrida y muerta que eres ahora mató a la persona genial y llena de sueños y sin perjuicios que eras de joven.

Pero quedamos callados frente a un incómodo silencio. Ahora somos unos extraños…

Me pasó lo mismo con la mujer que me "desvirgó". Fue hace tiempo. Tras 12 años sin vernos pasó una mala racha económica, le ofrecí mi casa para que se quedara. Antes de que llegara recogí el cuarto, muy nervioso… recordando las fiestas, las risas, los momentos que pasamos divertidos, enfrentándonos al mundo, envueltos entre sábanas azules…

Cuando ella llegó a casa ya no era una niña. Era una mujer por la que la vida, las facturas, los desengaños, habían pasado por encima. Ella no me vio llorar mientras le sonreía y hablábamos como hacen los adultos, con conversaciones que no conducen a nada... (Pero lo hice por dentro).

No quiero ver a nadie más que haya amado en el pasado. No quiero ver más gente, que fue indiscutiblemente maravillosa, muerta dentro del cuerpo de un adulto.

Los buenos momentos del pasado deberían de ser un lugar al que siempre pudiéramos volver.

Hay gente que no madura, sino que se pudre. Hay gente que al crecer, debería de ingresar en la cárcel, por haber matado a su yo vivo y sano

Platica sin sentido

-¿No tienes miedo de estar siempre solo? –Me preguntó ella- Ya te estás haciendo mayorcito.

-No –le contesto-. No tengo miedo de estar solo, sin pareja. Sería absurdo. Tengo 27 años. Primera parte de mi vida finalizada. En esos 27 años he estado casi siempre solo, sin pareja. Menos a ratos, cuando me estaba cojiendo a una chica. Miro hacia atrás y me la he pasado bien. Me da igual estar otros 27 años de la misma forma. Cuando tenga 50 años me acostaré con princesas de 50. Cuando tenga 60 a señoras de 60. Y a los 70, por fin, impotente. La libertad, fin de la tiranía sexual.

Sólo necesito unas cervezas para sentirme lo que soy, el rey del mundo. Sólo necesito unas cervezas, una buena canción que suene de fondo y una vagina que me diga te quiero para estar en el cielo. Cuando acabe de chingarme esas cervezas, todo terminará. Y el día que destape otras cervezas empezara otra vida, me cojere a otra chava que me dirá te quiero. Yo también le diré que la quiero. Pero luego que se vaya. No quiero estropear lo nuestro.

Solamente tener un hijo cambiaría mi estilo de vida.

Mi estilo de vida no es un gran estilo de vida. Pero es el mejor para un rey del mundo urbano como yo (jaja). Hay otros estilos de vida en esta sociedad. Por ejemplo traficar con armas, con niños, con dinero. Tu jefe trafica con dinero y tú eres su esclavo. Y luego están los reyes del mundo de las pequeñas ciudades. Como yo. Y, abajo de todo, los esclavos, los más estúpidos de todos, los que se auto esclavizan a cambio de una TV de plasma, de un coche. En busca de un status de vida que, cuando lo consiguen y se sientan en el sillón de la salita, los hacen sentir muy desgraciados.

Si Dios (en dado caso de que existiera), hubiera querido que estuviéramos siempre con la misma persona, en el mismo sitio, nos habría hecho inmortales.

...

Hablamos un rato más. Ella me dijo que por favor me fuera, que su marido iba a llegar de un momento a otro y que era demasiado celoso. Nos pusimos de pie para despedirnos: le di mi celular y un beso en el cachete.

A la izquierda de nosotros, un paralítico piensa en qué injusto es el mundo. Tener piernas para eso. El paralítico nos mira y piensa que si él tuviera unas piernas fuertes correría tan rápido que podría hacerlo sobre el mar, que llegaría al infinito y que luego, se tiraría por la gran cascada del fin del mundo, donde inicia el espacio. Flotar por el universo en silencio. Eso sí que tiene sentido.

El escorpión

Ella se encabrona conmigo, mientras fuma un cigarro de cocaína, un “nevadito”, caminando calle arriba y calle abajo para que nadie la descubra. En mi casa no la dejé fumar, mi familia, nos sorprendería. Yo no fumo porque, tras una época muy mala, las drogas me parecen de gente imbécil, me hacen actuar de forma que no deseo, me dejan la cabeza fatal y a mi cuerpo, tirado sobre la cama sin fuerzas para levantarme y luchar por mis sueños.

-No escribas sobre mi –me recrimina Ella- No sé con qué derecho escribes sobre mi.

Yo le digo que, por mucho que se enoje, escribiré sobre ella, con o sin su permiso, aunque me lleve la policía. Yo soy como la historia esa del escorpión.

-¿Cual? –pregunta.

-Una rata –le cuento- quiere cruzar un río, el escorpión le dice que se suba sobre su lomo y él la cruzará. No lo haré, dice la rata, si lo hago me picarás con tu aguijón. No haré eso rata, replica el escorpión, si lo hiciera tú podrías morderme mientras nado, y yo moriría, así que confía en mi. Mientras cruzan el río, el escorpión la pica con su aguijón: la rata, de un mordisco, lo hiere de muerte, se hunden, la rata pregunta al escorpión.

-¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos.

-Porque soy un escorpión –contesta- Lo llevo en mi naturaleza. No puedo evitarlo.

...

Con tristeza decido no volverla a ver nunca. No quiero hacerle daño. No puedo evitarlo.

No le voy a hablar

Ya pasaron muchos años desde que ella me beso. Lo hizo como si nada.
Sin embargo, su beso, se deslizó por el hueco de mi garganta. Y cayó, sin que ella lo supiera, en mi corazón.

La casualidad hizo que nos cruzáramos en la calle.

-¿Qué tal, como estas? -me preguntó

-Muy bien. Gracias. ¿Y tú?

-No me puedo quejar.

-Bueno, pues que sigas bien –le dije.

-Igualmente Noel.

Como si nada, seguí caminando, aterrorizado por si descubría que me tiene clavado en una cruz en la que no quiero hacer otra cosa que verla caminar con su saco de peluche oscuro y sus tenis negros.

Hace unos días me quemé la mano con un cigarro. Las quemaduras son las heridas que más se parecen a las del amor, las que más tardan en cicatrizar.

Al llegar a mi casa, me asusté mucho, porque había decidido marcarle a su celular. Así que rompí el papel donde tengo anotado su número, lo tiré a la basura. Luego, me incliné sobre la bolsa de la basura y saqué todos los trocitos del papel que antes había roto, lo reconstruí. Me sentí a salvo cuando comprobé que de nuevo tenía en mi poder, su número telefónico.

Con él en la mano, me tendí sobre la cama y disfruté del dolor de esta locura maravillosa que se llama amor. Y, por supuesto, cuando me levanté, no la llamé y lo rompí de nuevo.

El loco

Regresé a mi casa, a las 3 de la madrugada.

Entonces lo vi sentado a mitad de la calle:

Es un mesero del bar que esta por mi casa, creo que también es uno de los dueños, no estoy seguro, pero ahora estaba sentado en el suelo, como muy preocupado, casi llorando, normalmente, ese bar, cierra temprano, mas o menos como a las 10 de la noche. Y abre a las 6, era muy extraño que ese hombre estuviera sentado a mitad de la calle, y a esa hora.

Me miró, me sentí reconocido, él también se había acostumbrado a verme caminar por esa calle, no pude evitarlo entonces me sentí obligado a preguntar:

-¿Puedo ayudarle?

-¿Tu sabes algo de poesía? –preguntó angustiado, preocupado.

No supe qué contestar ¿Sería un loco?... Así que contesté la verdad:

-No. No sé nada de poesía.

Y me miró como si le hubiera escupido en la cara, como si me despreciara. Me miró con un asco infinito. Seguí caminando y cuando llegué a mi cuarto, la forma en la que me miro, aun me hacia sentir sucio e incómodo.



Al mediodía, al despertarme, lo hice con demasiada hambre, salí a comer algo, no pude evitar pasar por esa calle, por ese bar, siempre está medio vacío miré por el cristal, allí estaba él, en el fondo del local, frente su Laptop, juraría que componiendo versos.

Ya que eso era un bar, yo tenía hambre y aparte me moría de curiosidad, entré:

-Hola –saludé.

El hombre levantó la mirada como si lo estuviera sacando de un foso, parecía que se encontraba en el suelo de una tumba, en un agujero lleno de musgo, flores y duendes, se había hecho amigo de los duendes, seguro que estaba hablando, extraños secretos, con ellos.

-¿Qué quieres? –preguntó encabronado por la interrupción.

-¿Puedo comer algo?

-¿Necesitas comer? ¿Seguro?

Quedé extrañado por la pregunta. Muy extrañado ¿Estaba ese cabron retándome? Sin embargo, como algunas veces pienso que soy un paranoico y tomo cualquier cosa como una ofensa, pasé por alto la extraña pregunta... también, no lo oculto, porque deseaba permanecer más tiempo dentro de ese lugar, averiguar más sobre ese hombre, de su comportamiento tan extraño.

-Sí.

-Pues siéntate –dijo malhumorado.

No me senté, estaba realmente nervioso. Me quedé en la barra, vigilando mientras cocinaba, tenía miedo de que escupiera sobre mi comida, realmente sentía que ese hombre me despreciaba, ni siquiera me había preguntado ¿que quería de comer?.

Era un hombre alto. En otro tiempo debió de ser muy fornido. Sin embargo, aun, en una pelea, sería peligroso. Vi que puso -en un sarten, con bastante mala gana- unas papas y un trozo de carne. Luego, regresó frente a su computadora a hundirse en la fosa de su extraña tumba con las flores y con los duendes de los que era amigo.

Esperé un rato, mirándolo de reojo. Cuando él me miraba, aun encabronado, yo me hacía pendejo y volteaba la mirada a la televisión que estaba en un canal de videos musicales. Empecé a oler a quemado, las papas.

-Creo que se está quemando algo ahí dentro –me atreví a decirle.

El hombre, volvió a salir de su tumba, se dirigió a la cocina. Efectivamente, las papas se habían quemado. Aun así, no le importó en absoluto servírmelas en el plato para que me las tragara.

-Oiga –le dije- estas papas están todas quemadas.

-A los que no saben nada de poesía, en este local –contestó- les servimos siempre las papas quemadas.

Y regresó a su Lap, dándome la espalda, lo único que le importaba a ese hombre, eran los versos que, sin duda estaba componiendo, lo único que le importaba era su literatura.

…Yo, contra la literatura, no puedo ni quiero luchar. Me comí el bistec, separé las papas quemadas, pagué sin chistar y me fui de ahí deseando regresar mañana para volver a ver a ese hermano.