Cada vez que veo a un perro pienso que si ellos fueran nuestros gobernantes, el mundo sería un lugar más justo. La inteligencia del ser humano es un retraso mental para la sabia naturaleza. Si no fuéramos tan inteligentes habrían menos medicinas. Pero también menos guerras abominables. Y no estaríamos destruyendo el mundo.
Ojalá fuéramos como los perros. Que nos hicieran felices las cosas pequeñas, salir a la calle, morder un zapato apestoso. Estoy seguro que el hombre, cuando era un pinche chango que saltaba de árbol en árbol y fornicaba con quien estuviera de culo, era más feliz que el evolucionado de hoy en día. Y si no me creen, dense una vuelta por el metro a las 8 de la mañana.
¿Inteligencia y avaricia van juntas de la mano? Creo que sí. Y la locura.
Frente a mi casa hay una plaza donde la gente pasea a sus perros. Me parece justo que, como esclavos, nos humillemos recogiéndo sus excrementos. Los perros son mejores que nosotros. Un ser superior es quien posee bondad. No quién posee más inteligencia.
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