Buscaba una mesa, mi charola traía un plato con arroz, brócoli y pollo, una servilleta, una galleta de la suerte y agua de naranja.
Al final de la última fila, junto al ventanal, estaba una mesa, iluminada, sola, limpia, podría hasta decir que triste o abstraída pero me han dicho que deje de adjudicar sentimientos a los objetos inanimados.
Me senté dos mesas más hacia el centro de la cafetería, para verla.
Me cruzó un pensamiento.
Era ingenuo, bello, alevoso y obsceno.
Eras Tú.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)