Hablando de la Madre Naturaleza

Tomo cervezas con una chica con la cual solo quiero pasar el rato. Como ya no estoy como hace 7 años, trato de enternecerla para comérmela. Decido montar el número de “amo tanto a mi gato”. Quizá así crea que yo pueda ser un gran padre. Tengo la maldición de que las chicas no me quieren sólo para utilizarme, sino para mantener una relación formal:

-Mi gato me enternece hasta grado infinito –le digo-. Es tan bueno. Lo que me gusta tanto de los animales es su inocencia. Lo buenos que son en contraste con los seres humanos.

-¿Te gustaría ser como un animal? –pregunta ella.

-Creo que sí ¿Y tú? No sé. Veo que mi gato, para ser feliz, sólo necesita comida, que le rasque las orejas, y tener una pelotita.

-Pero eso es porque no es inteligente. Porque los animales no tienen tanta inteligencia como tú o yo –replica ella.

-Si para poder ser feliz de una puta vez he de renunciar a mi inteligencia, que así sea. Los animales se diferencian a nosotros porque no tienen inteligencia ni maldad.

-¿Entonces crees que la inteligencia origina la maldad?

-Eso es. Pero no creo que a mayor inteligencia, mayor maldad. Ni lo contrario. Lo que creo es que la inteligencia origina maldad por orden directa de la madre naturaleza. Que la naturaleza necesita que algunos seres humanos seamos malvados para que la vida pueda continuar.

-¿Te estoy entendiendo mal? ¿Crees que, por ejemplo, Hitler organizó tanta matanza porque la madre naturaleza así lo necesitaba?

-Exactamente. Pero él no lo sabía. Él sólo era un asesino. Pero fue porque la madre naturaleza necesitaba que lo fuera. Si la madre naturaleza quisiera, no habría asesinatos jamás. Es ella quien nos fabrica y utiliza. Nosotros sólo podemos decidir qué hacer con nuestro tiempo libre. Existen accidentes como el del camión del otro día. Pero es la madre naturaleza quien fabrica monstruos u origina terremotos.

-Pues con sólo un terremoto podría matar a más personas que las que Hitler podría matar en siete vidas.

-Pero fabricando a un asesino, puede llegar a matar a personas en concreto sin necesidad de matar las que le rodean. Por ejemplo, quizá la madre naturaleza quiere matarme por revelar este, su secreto. Pero no le interesa provocar un terremoto en esta terraza donde tomamos esta cerveza pues necesita tu vagina para que te insemine alguien. Así que ha estado creando durante todo este tiempo a un psicópata para que, cuando yo salga de este bar, me lo cruce y me mate. Todo esto como segunda opción, pues si ella hubiera sabido que yo iba a tener este pensamiento a los 27 años, la madre naturaleza me hubiera ido originando un cáncer para que a los 23 hubiera estado muerto.

Seguimos filosofando y tomando cervezas. A medida que sigo hablando pendejadas y emborrachándome, la chica me mira cada vez más raro. En un momento dado, cuando comienzo a hablarle sobre Dios y mi teoría de que es un pervertido sexual, le meto la lengua en la boca. Ella me aparta, dice que va al baño. Le pido perdón por haberme abalanzado sobre ella. Se levanta de su silla y va al baño. Cuento hasta 60, es el tiempo que imagino que tarda en bajarse los calzones, mear cerveza y limpiarse. Voy al baño de mujeres. Entro. Me la encuentro mirándose al espejo. Sola. La vuelvo a atacar. No se defiende. Se deja. Le levanto la falda y se lo hago a lo bestia, como el animal que sueño ser, un perro, mitad cerdo, mitad caballo, mitad cerdo. Noto como la chica termina, después de unos segundillos yo también dentro de ella, le formo un estanque lleno de espermatozoides carnívoros.

-Es la primera vez que me coje un loco –me dice con mirada de gata, tras recuperarse- …espero que no sea la última…
….

Salimos del bar. No hay ningún psicópata esperándome para matarme. Así que imagino que la madre naturaleza desea que haga público su secreto. Imagino que es porque está cansada de matar, de originar tantos crímenes. La madre naturaleza desea que la detengan. O que la comprendan

En el pais de las maravillas

Yo no quiero que este amor que ahora siento por ti sea un puto resfriado. Una enfermedad de mierda que se cure a los 4 días. Yo quiero que nuestro amor sea un Sida, una enfermedad incurable con la que debamos de cargar el resto de nuestros días. Los dos estamos enfermos de este amor que se llama sida. Y que éticamente, sólo podamos acostarnos juntos.

Este amor que me das, me hace caminar sobre las nubes. Y la gente, yo mismo, decía que era imposible. No quiero volver a bajar al infierno de los mortales, donde no se enamora nadie, donde el amor es una disculpa para ayudar a pagar la renta. Donde el amor es tener malos modales. Una broma de mal gusto. Un comportamiento políticamente correcto.

Te escribo desde un bar. Ha llegado un hombre con corbata.

Le pido al mesero, una carne asada y unas papas. Estoy seguro que ese hombre con corbata no sabe nada de nuestro amor. Estoy seguro que ese hombre no sabe de qué se trata este amor. Tu amor me ha subido hasta el país de las maravillas, justo al lugar donde la gente dice que no se puede llegar. Amor, es el mejor sitio. Porque en esa zona no hay nadie más que nosotros dos.

La razón por la cual no escribo de amor

Si te digo que casi no escribo cosas de amor
No es por el rencor paciente de mis penas
Es la verdad que se halló contigo un día
Y no pudo encontrar las palabras justas
La expresión suficientemente decente
Para decir: te amo a pesar de esta imbécil muerte en la que me tienes
Por eso y por más
Yo de amor, casi no escribo.

Yo solo se amar como aman los humanos.
Rara generosidad, calma limpia
Del que ya no espera nada de la vida.

NUBES Y ARCOIRIS, (en un mundo de color de rosa)

Entramos en una fonda, pedimos un menú de $35. Ella es hermosísima, en cuanto a belleza ella es de clase A, y yo de clase D no obstante, ella me decía a cada rato:

-Eres precioso. No me canso de mirarte. Estás guapísimo así, con el pelo un poco largo. Todas las chicas con las que nos cruzamos por la calle se te quedan viendo.

Y yo me ponía delante un servilletero metálico, para que su cara se reflejara en él. Deseaba que se callara; quería pedirle matrimonio, ella me hacía inmensamente feliz, me daba todo lo que necesitaba, me hacía reír y cada día, le dedicaba mucho esmero y amor a mi persona.

Pero justo cuando iba a pedirle matrimonio llegó una familia a la fonda, entre los miembros de esa familia había una chica joven que se sentó de espaldas a mí, llevaba un pantalón muy pegado que al sentarse, hizo que la parte de atrás de su tanga (roja) saliera a la luz. Y yo la vi.…

…para colmo, al rato, esa chica se volteó y me sonrío, con una expresión que decía que ella estaba a mi alcance, que se ofrecería a mí si no fuera porque ella estaba con su familia y yo acompañado.

Esa tanga roja, esa sonrisa, frenaron mi declaración de amor.

Me hicieron pensar en los arcoiris que nunca penetraría, en las nubes sobre las que nunca me acostaría. No pedí matrimonio a mi amor.

Y al poco tiempo, otro cabron me la quitó.

Ahora, extraño levantarme antes que ella y preparar su desayuno: café con leche, un sándwich de jamón y su pastilla anticonceptiva para que no se quedara embarazada de mí.

Cuando recuerdo porqué la perdí, pienso en lo que soy, y en lo que seré por siempre.

Hombres enamorados

El muy cabron no sabía que en aquella discoteca, su novia lo espiaba. Así que trató de besar a una gorda. La gorda le dijo que no. En venganza, su novia vino a mí. Me besó, delante de él. El guey quería matarme, pero sus amigos lo agarraron. Su novia y yo salimos de la discoteca, fuimos hasta mi casa. Su novio nos siguió. Nos lo encontramos frente al portal. El pendejo no me atacó. Quedó inmóvil y de rodillas sobre la banqueta, comenzó a gritar al cielo oscuro, a la luna. No gritaba palabras. Sólo una letra. A. Una y otra vez. Me quedé un buen rato mirándolo, pensando que presenciaba una dramática obra de arte. Emocionado, se me pusieron los pelos de punta. Sin embargo, me llevé a su novia a la cama. Uno aprecia el arte, pero no es imbécil.



En otra ocasión, estaba en una fiesta con una chica que era pretendida desde hacía años, por otro chavo. Ella era mi novia y yo, aquella noche, me sentía triste, mi cara así lo reflejaba. Cuando me fui a buscar una cerveza, el tipo se me acercó. Me dijo:


-¿Por qué diablos crees que tienes derecho a estar triste?

No contesté. Los hombres me suelen dar asco. Me parecen unos cavernicolas sin sentimientos, pendejos, egoístas y sin cerebro. Pero cuando los veo derrotados, enamorados, me parece que, en la Tierra no se puede hallar mayor poesía.

Amor de otra dimensión

Soy de esas personas que si lloran es sólo porque están muriendo.

Soy de esas personas que piensan que casarse por la iglesia no sirve para nada.

Si un día me caso, lo haré por medio de un rito satánico. Que el diablo o una de sus bestias presidan la ceremonia y haga que, si me dejas o me eres infiel, tengas que morir de una enfermedad dolorosa, espantosa, que dure hasta el día que yo muera: el día que te olvide.

El matrimonio es para personas normales. El amor, para seres sobrenaturales. Y cuando cojemos, reescribimos el sagrado testamento, un tuteo a Dios y al cielo .

El pasado

De pura casualidad, me encontré con un gran amigo. Pasamos la adolescencia juntos, persiguiendo princesas, estudiando, contando el uno con el otro bajo cualquier circunstancia. Luego, él encontró novia y se alejó. Perdimos la amistad diaria. Hoy trabaja en una empresa farmacéutica, está casado con otra chica.

Para celebrar el fortuito encuentro, nos fuimos a tomar una cerveza helada con limón a una terraza. A los 10 minutos de estar hablando con él, quería morirme.

Sólo me entraban ganas de decirle:

-¿No puedes volver a ser cómo eras antes? ¿Por qué la persona aburrida y muerta que eres ahora mató a la persona genial y llena de sueños y sin perjuicios que eras de joven.

Pero quedamos callados frente a un incómodo silencio. Ahora somos unos extraños…

Me pasó lo mismo con la mujer que me "desvirgó". Fue hace tiempo. Tras 12 años sin vernos pasó una mala racha económica, le ofrecí mi casa para que se quedara. Antes de que llegara recogí el cuarto, muy nervioso… recordando las fiestas, las risas, los momentos que pasamos divertidos, enfrentándonos al mundo, envueltos entre sábanas azules…

Cuando ella llegó a casa ya no era una niña. Era una mujer por la que la vida, las facturas, los desengaños, habían pasado por encima. Ella no me vio llorar mientras le sonreía y hablábamos como hacen los adultos, con conversaciones que no conducen a nada... (Pero lo hice por dentro).

No quiero ver a nadie más que haya amado en el pasado. No quiero ver más gente, que fue indiscutiblemente maravillosa, muerta dentro del cuerpo de un adulto.

Los buenos momentos del pasado deberían de ser un lugar al que siempre pudiéramos volver.

Hay gente que no madura, sino que se pudre. Hay gente que al crecer, debería de ingresar en la cárcel, por haber matado a su yo vivo y sano

Platica sin sentido

-¿No tienes miedo de estar siempre solo? –Me preguntó ella- Ya te estás haciendo mayorcito.

-No –le contesto-. No tengo miedo de estar solo, sin pareja. Sería absurdo. Tengo 27 años. Primera parte de mi vida finalizada. En esos 27 años he estado casi siempre solo, sin pareja. Menos a ratos, cuando me estaba cojiendo a una chica. Miro hacia atrás y me la he pasado bien. Me da igual estar otros 27 años de la misma forma. Cuando tenga 50 años me acostaré con princesas de 50. Cuando tenga 60 a señoras de 60. Y a los 70, por fin, impotente. La libertad, fin de la tiranía sexual.

Sólo necesito unas cervezas para sentirme lo que soy, el rey del mundo. Sólo necesito unas cervezas, una buena canción que suene de fondo y una vagina que me diga te quiero para estar en el cielo. Cuando acabe de chingarme esas cervezas, todo terminará. Y el día que destape otras cervezas empezara otra vida, me cojere a otra chava que me dirá te quiero. Yo también le diré que la quiero. Pero luego que se vaya. No quiero estropear lo nuestro.

Solamente tener un hijo cambiaría mi estilo de vida.

Mi estilo de vida no es un gran estilo de vida. Pero es el mejor para un rey del mundo urbano como yo (jaja). Hay otros estilos de vida en esta sociedad. Por ejemplo traficar con armas, con niños, con dinero. Tu jefe trafica con dinero y tú eres su esclavo. Y luego están los reyes del mundo de las pequeñas ciudades. Como yo. Y, abajo de todo, los esclavos, los más estúpidos de todos, los que se auto esclavizan a cambio de una TV de plasma, de un coche. En busca de un status de vida que, cuando lo consiguen y se sientan en el sillón de la salita, los hacen sentir muy desgraciados.

Si Dios (en dado caso de que existiera), hubiera querido que estuviéramos siempre con la misma persona, en el mismo sitio, nos habría hecho inmortales.

...

Hablamos un rato más. Ella me dijo que por favor me fuera, que su marido iba a llegar de un momento a otro y que era demasiado celoso. Nos pusimos de pie para despedirnos: le di mi celular y un beso en el cachete.

A la izquierda de nosotros, un paralítico piensa en qué injusto es el mundo. Tener piernas para eso. El paralítico nos mira y piensa que si él tuviera unas piernas fuertes correría tan rápido que podría hacerlo sobre el mar, que llegaría al infinito y que luego, se tiraría por la gran cascada del fin del mundo, donde inicia el espacio. Flotar por el universo en silencio. Eso sí que tiene sentido.

El escorpión

Ella se encabrona conmigo, mientras fuma un cigarro de cocaína, un “nevadito”, caminando calle arriba y calle abajo para que nadie la descubra. En mi casa no la dejé fumar, mi familia, nos sorprendería. Yo no fumo porque, tras una época muy mala, las drogas me parecen de gente imbécil, me hacen actuar de forma que no deseo, me dejan la cabeza fatal y a mi cuerpo, tirado sobre la cama sin fuerzas para levantarme y luchar por mis sueños.

-No escribas sobre mi –me recrimina Ella- No sé con qué derecho escribes sobre mi.

Yo le digo que, por mucho que se enoje, escribiré sobre ella, con o sin su permiso, aunque me lleve la policía. Yo soy como la historia esa del escorpión.

-¿Cual? –pregunta.

-Una rata –le cuento- quiere cruzar un río, el escorpión le dice que se suba sobre su lomo y él la cruzará. No lo haré, dice la rata, si lo hago me picarás con tu aguijón. No haré eso rata, replica el escorpión, si lo hiciera tú podrías morderme mientras nado, y yo moriría, así que confía en mi. Mientras cruzan el río, el escorpión la pica con su aguijón: la rata, de un mordisco, lo hiere de muerte, se hunden, la rata pregunta al escorpión.

-¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos.

-Porque soy un escorpión –contesta- Lo llevo en mi naturaleza. No puedo evitarlo.

...

Con tristeza decido no volverla a ver nunca. No quiero hacerle daño. No puedo evitarlo.

No le voy a hablar

Ya pasaron muchos años desde que ella me beso. Lo hizo como si nada.
Sin embargo, su beso, se deslizó por el hueco de mi garganta. Y cayó, sin que ella lo supiera, en mi corazón.

La casualidad hizo que nos cruzáramos en la calle.

-¿Qué tal, como estas? -me preguntó

-Muy bien. Gracias. ¿Y tú?

-No me puedo quejar.

-Bueno, pues que sigas bien –le dije.

-Igualmente Noel.

Como si nada, seguí caminando, aterrorizado por si descubría que me tiene clavado en una cruz en la que no quiero hacer otra cosa que verla caminar con su saco de peluche oscuro y sus tenis negros.

Hace unos días me quemé la mano con un cigarro. Las quemaduras son las heridas que más se parecen a las del amor, las que más tardan en cicatrizar.

Al llegar a mi casa, me asusté mucho, porque había decidido marcarle a su celular. Así que rompí el papel donde tengo anotado su número, lo tiré a la basura. Luego, me incliné sobre la bolsa de la basura y saqué todos los trocitos del papel que antes había roto, lo reconstruí. Me sentí a salvo cuando comprobé que de nuevo tenía en mi poder, su número telefónico.

Con él en la mano, me tendí sobre la cama y disfruté del dolor de esta locura maravillosa que se llama amor. Y, por supuesto, cuando me levanté, no la llamé y lo rompí de nuevo.