Regresé a mi casa, a las 3 de la madrugada.
Entonces lo vi sentado a mitad de la calle:
Es un mesero del bar que esta por mi casa, creo que también es uno de los dueños, no estoy seguro, pero ahora estaba sentado en el suelo, como muy preocupado, casi llorando, normalmente, ese bar, cierra temprano, mas o menos como a las 10 de la noche. Y abre a las 6, era muy extraño que ese hombre estuviera sentado a mitad de la calle, y a esa hora.
Me miró, me sentí reconocido, él también se había acostumbrado a verme caminar por esa calle, no pude evitarlo entonces me sentí obligado a preguntar:
-¿Puedo ayudarle?
-¿Tu sabes algo de poesía? –preguntó angustiado, preocupado.
No supe qué contestar ¿Sería un loco?... Así que contesté la verdad:
-No. No sé nada de poesía.
Y me miró como si le hubiera escupido en la cara, como si me despreciara. Me miró con un asco infinito. Seguí caminando y cuando llegué a mi cuarto, la forma en la que me miro, aun me hacia sentir sucio e incómodo.
…
Al mediodía, al despertarme, lo hice con demasiada hambre, salí a comer algo, no pude evitar pasar por esa calle, por ese bar, siempre está medio vacío miré por el cristal, allí estaba él, en el fondo del local, frente su Laptop, juraría que componiendo versos.
Ya que eso era un bar, yo tenía hambre y aparte me moría de curiosidad, entré:
-Hola –saludé.
El hombre levantó la mirada como si lo estuviera sacando de un foso, parecía que se encontraba en el suelo de una tumba, en un agujero lleno de musgo, flores y duendes, se había hecho amigo de los duendes, seguro que estaba hablando, extraños secretos, con ellos.
-¿Qué quieres? –preguntó encabronado por la interrupción.
-¿Puedo comer algo?
-¿Necesitas comer? ¿Seguro?
Quedé extrañado por la pregunta. Muy extrañado ¿Estaba ese cabron retándome? Sin embargo, como algunas veces pienso que soy un paranoico y tomo cualquier cosa como una ofensa, pasé por alto la extraña pregunta... también, no lo oculto, porque deseaba permanecer más tiempo dentro de ese lugar, averiguar más sobre ese hombre, de su comportamiento tan extraño.
-Sí.
-Pues siéntate –dijo malhumorado.
No me senté, estaba realmente nervioso. Me quedé en la barra, vigilando mientras cocinaba, tenía miedo de que escupiera sobre mi comida, realmente sentía que ese hombre me despreciaba, ni siquiera me había preguntado ¿que quería de comer?.
Era un hombre alto. En otro tiempo debió de ser muy fornido. Sin embargo, aun, en una pelea, sería peligroso. Vi que puso -en un sarten, con bastante mala gana- unas papas y un trozo de carne. Luego, regresó frente a su computadora a hundirse en la fosa de su extraña tumba con las flores y con los duendes de los que era amigo.
Esperé un rato, mirándolo de reojo. Cuando él me miraba, aun encabronado, yo me hacía pendejo y volteaba la mirada a la televisión que estaba en un canal de videos musicales. Empecé a oler a quemado, las papas.
-Creo que se está quemando algo ahí dentro –me atreví a decirle.
El hombre, volvió a salir de su tumba, se dirigió a la cocina. Efectivamente, las papas se habían quemado. Aun así, no le importó en absoluto servírmelas en el plato para que me las tragara.
-Oiga –le dije- estas papas están todas quemadas.
-A los que no saben nada de poesía, en este local –contestó- les servimos siempre las papas quemadas.
Y regresó a su Lap, dándome la espalda, lo único que le importaba a ese hombre, eran los versos que, sin duda estaba componiendo, lo único que le importaba era su literatura.
…Yo, contra la literatura, no puedo ni quiero luchar. Me comí el bistec, separé las papas quemadas, pagué sin chistar y me fui de ahí deseando regresar mañana para volver a ver a ese hermano.
Testículo
En mi corazón tengo nudos. Por cada decepción que me proporcionaste. Con cada nudo, el corazón se hace más pequeño. Y su piel más dura.
Por mi parte, pronto dejaré de tener corazón: se va a convertir en un testículo.
-Pero no te preocupes -me dicen- Con un testículo es más fácil vivir.
Prefiero tener un testículo que un corazón cuando vuelva a verte.
Prefiero darte un golpe que una caricia. Prefiero saber qué era el amor, que volverlo a sentir: cuando te hable, cuando te mire, cuando vuelva a sentir tu mano o te vea de casualidad, en el Metro o ejerciendo la prostitución de la mano de tu nuevo novio ¿No te da asco despertarte a su lado cada mañana? ¿Cómo evitas el vómito? ¿O es vómito lo que te hace desayunar por las mañanas? No quiero que tú me vuelvas a doler. Y si es posible, nadie más (ya sé que es el amor, prefiero vivir sin volverlo a sentir, a la larga da más infelicidad que felicidad, más problemas que momentos felices). Quiero ser capaz de pisotear a alguien, quiero ser capaz de tirar a un niño a las vías del tren. Quiero ser capaz de violar a una adolescente y descuartizarla en un baño. Quiero ser capaz de verte y no pedirte que te vengas a vivir conmigo. Quiero comer pizza todos los días.
Prefiero ponerte de rodillas, darte una patada que volverte a amar o cuidar. Tú amas como si fueras una niña que juega con una pistola. Das balazos en la frente a la gente. Devuélveme todo el semen que eyaculé en el interior de tu vagina. No lo mereces. Devuélvemelo y haré una mansión de leche donde vivir tranquilo.
Devuélveme todos mis espermatozoides y los convertiré en un ejército de serpientes, que matarán a toda tu familia, sobre todo a tu madre. Que todos los orgasmos que te di se conviertan en martillazos en tu cabeza.
Quiero que mueras: si es posible asesinada por un ataque de cerdos.
Prefiero tener un testículo que un corazón.
Por mi parte, pronto dejaré de tener corazón: se va a convertir en un testículo.
-Pero no te preocupes -me dicen- Con un testículo es más fácil vivir.
Prefiero tener un testículo que un corazón cuando vuelva a verte.
Prefiero darte un golpe que una caricia. Prefiero saber qué era el amor, que volverlo a sentir: cuando te hable, cuando te mire, cuando vuelva a sentir tu mano o te vea de casualidad, en el Metro o ejerciendo la prostitución de la mano de tu nuevo novio ¿No te da asco despertarte a su lado cada mañana? ¿Cómo evitas el vómito? ¿O es vómito lo que te hace desayunar por las mañanas? No quiero que tú me vuelvas a doler. Y si es posible, nadie más (ya sé que es el amor, prefiero vivir sin volverlo a sentir, a la larga da más infelicidad que felicidad, más problemas que momentos felices). Quiero ser capaz de pisotear a alguien, quiero ser capaz de tirar a un niño a las vías del tren. Quiero ser capaz de violar a una adolescente y descuartizarla en un baño. Quiero ser capaz de verte y no pedirte que te vengas a vivir conmigo. Quiero comer pizza todos los días.
Prefiero ponerte de rodillas, darte una patada que volverte a amar o cuidar. Tú amas como si fueras una niña que juega con una pistola. Das balazos en la frente a la gente. Devuélveme todo el semen que eyaculé en el interior de tu vagina. No lo mereces. Devuélvemelo y haré una mansión de leche donde vivir tranquilo.
Devuélveme todos mis espermatozoides y los convertiré en un ejército de serpientes, que matarán a toda tu familia, sobre todo a tu madre. Que todos los orgasmos que te di se conviertan en martillazos en tu cabeza.
Quiero que mueras: si es posible asesinada por un ataque de cerdos.
Prefiero tener un testículo que un corazón.
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Amargueitor
Por andar de culero
Viernes en la noche.
Salgo del trabajo. Me siento feliz, la vida me sonríe. No tengo ni un solo problema. Tengo salud, amigos, un trabajo que me gusta. Voy al cajero a sacar dinero para comer algo. Hace 4 días que cobré, y tengo todo al corriente.
Delante de mí hay una chica. Tarda en sacar dinero. Me mira de reojo, nerviosa:
-La típica estúpida que no sabe utilizar el cajero –pienso.
Estas personas son fáciles de espantar. Basta con que las veas con el ceño fruncido mientras ellas se desesperan por no poder hacer su operación, normalmente se avergüenzan porque piensan que todo el mundo está viendo que no tienen dinero en sus tarjetas, o porque todo el mundo está viendo que son tan imbéciles que no saben utilizar un cajero automático.
Sin embargo, esta pendeja es diferente. Es la típica loca. La típica mujer desesperada que se pone a contar sus penas sin conocerte:
-Hoy es el peor día de mi vida –se da la vuelta y me cuenta- Mi novio me acaba de correr de la casa, no tengo a donde ir. Me ha llamado mi ex amante y me ha dicho que quiere que todo vuelva a ser como antes, no sé a qué se refiere pues se va a casar dentro de un mes. Mierda, no tengo dinero en la tarjeta. No sé qué hacer. No tengo donde dormir. Me da cosa llamar a mi novio para pedirle dinero.
Ella me mira como pidiendo ayuda. No se la pienso dar:
1.-Porque es fea.
2.-Realmente no es tan fea. Lo que pasa es que esta muuuy bigotona.
3.-Porque se nota que es la típica problemática que sale con los cabrones más feos y necesitados de sexo de todo este puto mundo y los tortura con sus locuras, y ellos la aguantan porque saben que si la pierden no volverán a cojer sin pagar en años.
Pienso en lo culero y ogete que me ví. Si fuera una princesa guapa la adoptaría, empezaría por invitarla a cenar, escucharía –con cara de tristeza- sus problemas, y la abrazaría diciendo:
-Todo va a salir bien. Yo te ayudaré.
Me la llevaría a casa y esperaría como un buitre el momento exacto para poder bajarle los calzones. Pero como es fea la mando a la mierda. Además, me digo, es joven, tiene brazos, que trabaje, y tendrá familia, un padre, una madre, que se busque una vida, que se vaya a un McDonalds a trabajar.
La muchacha se va del cajero automático con la cara triste, quien sabe a donde, por mi, que se vaya de puta. Cuando me dispongo a sacar dinero me doy cuenta que no llevo la tarjeta, la dejé en casa. Bueno, me da igual, iré a cenar al bar de un amigo donde tengo cuenta.
Veo una moneda de 10 centavos en el suelo.
No la recojo.
A las 2 de la mañana mi compa cierra el bar, se va a su casa. Camino borracho rumbo a mi pocilga. Llego a la puerta, me doy cuenta que no tengo las llaves. Ni a donde ir. No tengo el celular, no tengo dinero, el timbre de mi edificio no funciona. No sé donde vive mi amigo el del bar. Me quedo toda la madrugada sentado en las escaleras del edificio donde vivo. No entra ni sale nadie de los demás departamentos. Me muero de frío. Debería de haber ayudado a esa pendeja bigotuda. Debería de haber recogido esos 10 centavos. No recogerlos fue un desprecio para la gente que se muere de hambre. Dios ha visto mi comportamiento y me ha castigado por culero.
Salgo del trabajo. Me siento feliz, la vida me sonríe. No tengo ni un solo problema. Tengo salud, amigos, un trabajo que me gusta. Voy al cajero a sacar dinero para comer algo. Hace 4 días que cobré, y tengo todo al corriente.
Delante de mí hay una chica. Tarda en sacar dinero. Me mira de reojo, nerviosa:
-La típica estúpida que no sabe utilizar el cajero –pienso.
Estas personas son fáciles de espantar. Basta con que las veas con el ceño fruncido mientras ellas se desesperan por no poder hacer su operación, normalmente se avergüenzan porque piensan que todo el mundo está viendo que no tienen dinero en sus tarjetas, o porque todo el mundo está viendo que son tan imbéciles que no saben utilizar un cajero automático.
Sin embargo, esta pendeja es diferente. Es la típica loca. La típica mujer desesperada que se pone a contar sus penas sin conocerte:
-Hoy es el peor día de mi vida –se da la vuelta y me cuenta- Mi novio me acaba de correr de la casa, no tengo a donde ir. Me ha llamado mi ex amante y me ha dicho que quiere que todo vuelva a ser como antes, no sé a qué se refiere pues se va a casar dentro de un mes. Mierda, no tengo dinero en la tarjeta. No sé qué hacer. No tengo donde dormir. Me da cosa llamar a mi novio para pedirle dinero.
Ella me mira como pidiendo ayuda. No se la pienso dar:
1.-Porque es fea.
2.-Realmente no es tan fea. Lo que pasa es que esta muuuy bigotona.
3.-Porque se nota que es la típica problemática que sale con los cabrones más feos y necesitados de sexo de todo este puto mundo y los tortura con sus locuras, y ellos la aguantan porque saben que si la pierden no volverán a cojer sin pagar en años.
Pienso en lo culero y ogete que me ví. Si fuera una princesa guapa la adoptaría, empezaría por invitarla a cenar, escucharía –con cara de tristeza- sus problemas, y la abrazaría diciendo:
-Todo va a salir bien. Yo te ayudaré.
Me la llevaría a casa y esperaría como un buitre el momento exacto para poder bajarle los calzones. Pero como es fea la mando a la mierda. Además, me digo, es joven, tiene brazos, que trabaje, y tendrá familia, un padre, una madre, que se busque una vida, que se vaya a un McDonalds a trabajar.
La muchacha se va del cajero automático con la cara triste, quien sabe a donde, por mi, que se vaya de puta. Cuando me dispongo a sacar dinero me doy cuenta que no llevo la tarjeta, la dejé en casa. Bueno, me da igual, iré a cenar al bar de un amigo donde tengo cuenta.
Veo una moneda de 10 centavos en el suelo.
No la recojo.
A las 2 de la mañana mi compa cierra el bar, se va a su casa. Camino borracho rumbo a mi pocilga. Llego a la puerta, me doy cuenta que no tengo las llaves. Ni a donde ir. No tengo el celular, no tengo dinero, el timbre de mi edificio no funciona. No sé donde vive mi amigo el del bar. Me quedo toda la madrugada sentado en las escaleras del edificio donde vivo. No entra ni sale nadie de los demás departamentos. Me muero de frío. Debería de haber ayudado a esa pendeja bigotuda. Debería de haber recogido esos 10 centavos. No recogerlos fue un desprecio para la gente que se muere de hambre. Dios ha visto mi comportamiento y me ha castigado por culero.
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Otras cosas
Puta civilización, Putas filosofías hipócritas de mierda!
Regreso del trabajo. Camino por la calle. Tengo frío. Veo un local donde hacen café y chocolate caliente. Un Starbucks.
Entro en ese sitio, a pesar de que no veo en la fila a ninguna chica con un culo medianamente decente. Hace tiempo que no veía a tantos pendejos juntos. Miro a los que atienden. Trabajar en lugares como este, aceptar trabajos como estos, es el último recurso que queda antes de hacerse puta o darte un tiro en el culo. Lo sé, porque yo los he tenido. Observo a los trajeados que hacen fila. Son como cerdos en el matadero. En lo único que les ha cambiado la vida, en los últimos siete años, es que antes tomaban café en la universidad y ahora se creen triunfadores, cool’s modernos, por tomarlo en un lugar como este.
Es mi turno. Sorpresa. He ligado. La cajera que me atiende me sonríe y… ¡Pregunta mi nombre!!!! Pizpireta lo escribe en el vaso. Soy un seductor nato. A mis años aun levanto pasiones instantáneas entre las mujeres.
-Me llamo Noel –contesto.
Imagino a la cajera desnuda, en mi cama. Pienso en el momento en el que estemos a solas. Y me dan ganas de seguir la platica... ahora no es momento de hablar, hay mucha gente en la fila, quizá su jefe esté mirando, fisgoneando, ella está buena seguro que su jefe gordo y pendejo se la quiere coger, cuando se entere que me ha preguntado mi nombre se va a cagar de envidia, seguro que le empieza a hacer la vida imposible en el trabajo.
-¿Mucho trabajo? –le pregunto como si nada, mientras pago.
-Bufff… aun me quedan 5 horas –contesta.
Bingo!!. La muy zorra me ha dicho a qué hora sale, tiene ganas de fiesta, qué casualidad, mi pene también, la esperaré.
Cinco horas más tarde sale del Starbucks. Me acerco a ella:
-Hola.
-¿? –dice asustada.
-¿No te acuerdas de mí? Soy Noel. Tuviste el bonito detalle de preguntarme el nombre y escribírmelo en el vaso esta mañana…
-¿Y?
-Bueno… que a mí también me gustas… ¿Quieres venir a mi cuarto a fumar un porro y a cojer?
-En Sturbucks siempre se pregunta el nombre de cada cliente. Es la filosofía de la casa –responde muy seria- Escribimos el nombre de cada cliente en el vaso mientras le preparamos su pedido.
-Hija de puta. Calentona de mierda –le susurro al oido, mientras me voy encabronadísimo- ¡No lo puedo creer! Lo que pasa es que ahora te da miedo abrirte de piernas ¡Por tus prejuicios de subhumana!
Me alejo de ella, caminando nervioso. Entro en otro Starbucks. Pido un chocolate.
-¿Cómo te llamas? –me pregunta el homosexual subhumano que me atiende.
Entro en ese sitio, a pesar de que no veo en la fila a ninguna chica con un culo medianamente decente. Hace tiempo que no veía a tantos pendejos juntos. Miro a los que atienden. Trabajar en lugares como este, aceptar trabajos como estos, es el último recurso que queda antes de hacerse puta o darte un tiro en el culo. Lo sé, porque yo los he tenido. Observo a los trajeados que hacen fila. Son como cerdos en el matadero. En lo único que les ha cambiado la vida, en los últimos siete años, es que antes tomaban café en la universidad y ahora se creen triunfadores, cool’s modernos, por tomarlo en un lugar como este.
Es mi turno. Sorpresa. He ligado. La cajera que me atiende me sonríe y… ¡Pregunta mi nombre!!!! Pizpireta lo escribe en el vaso. Soy un seductor nato. A mis años aun levanto pasiones instantáneas entre las mujeres.
-Me llamo Noel –contesto.
Imagino a la cajera desnuda, en mi cama. Pienso en el momento en el que estemos a solas. Y me dan ganas de seguir la platica... ahora no es momento de hablar, hay mucha gente en la fila, quizá su jefe esté mirando, fisgoneando, ella está buena seguro que su jefe gordo y pendejo se la quiere coger, cuando se entere que me ha preguntado mi nombre se va a cagar de envidia, seguro que le empieza a hacer la vida imposible en el trabajo.
-¿Mucho trabajo? –le pregunto como si nada, mientras pago.
-Bufff… aun me quedan 5 horas –contesta.
Bingo!!. La muy zorra me ha dicho a qué hora sale, tiene ganas de fiesta, qué casualidad, mi pene también, la esperaré.
Cinco horas más tarde sale del Starbucks. Me acerco a ella:
-Hola.
-¿? –dice asustada.
-¿No te acuerdas de mí? Soy Noel. Tuviste el bonito detalle de preguntarme el nombre y escribírmelo en el vaso esta mañana…
-¿Y?
-Bueno… que a mí también me gustas… ¿Quieres venir a mi cuarto a fumar un porro y a cojer?
-En Sturbucks siempre se pregunta el nombre de cada cliente. Es la filosofía de la casa –responde muy seria- Escribimos el nombre de cada cliente en el vaso mientras le preparamos su pedido.
-Hija de puta. Calentona de mierda –le susurro al oido, mientras me voy encabronadísimo- ¡No lo puedo creer! Lo que pasa es que ahora te da miedo abrirte de piernas ¡Por tus prejuicios de subhumana!
Me alejo de ella, caminando nervioso. Entro en otro Starbucks. Pido un chocolate.
-¿Cómo te llamas? –me pregunta el homosexual subhumano que me atiende.
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Chaquetas Mentales
Un beso, un boleto del metro, el DF romántico.
Después de estar con una chica, quedo intranquilo hasta que me vuelve a llamar. Si no llama, pienso que estoy idiota o que no sé platicar. Porque siempre, si se la ha pasado bien, la chica vuelve a llamar.
…
Por eso, tras dos días de silencio, me alegro muchísimo cuando ella me habla para vernos, en un parque que queda cerca de donde vivo, ella tiene dos horas libres para comer, antes de regresar al trabajo.
En estos días, yo sólo le había mandado un mensaje, ella ninguno, me moría por mandarle más pero conseguí contenerme, debía de evitar parecerme un psicópata obsesivo, tenía que demostrarle que yo no iba a interponerme en la relación que tiene con su novio, en que si se casaba, por mi no había problema alguno, que yo era sólo una persona serena y relajada que le daría amistad y sexo cuando a ella se le antojara, me importa una mierda que tenga novio, mejor para ella, tiene dos corazones, dos personas con las que puede pasar buenos momentos, tener muchas personas que te den amor, debería de ser lo mas lógico.
-Me da miedo verte –me dijo por teléfono, antes de quedar de acuerdo- Todavía no sé si eres bueno o malo.
A mi, no sólo me gusta tener sexo con ella. También me gusta pasear o entrar en algún sitio donde podamos tomar un café y charlar susurrándonos palabras. Eso proporciona el mismo placer que follar, la he extrañado, tanto, que a veces me he sorprendido buscando las fotos que le saqué hace tiempo, en la memoria de mi cámara digital, y sonriendo cuando las encuentro, dándole al zum para verle mejor los ojos, la sonrisa, la forma de sus pechos.
Hoy, me espera sentada en una banca del parque, está abrigada con una gran gabardina negra que tapa todo, menos sus botas, no sé porqué pero ver a chicas con esos abrigos me pone muy loco, o quizá sea ella, porque la recuerdo sobre mi, de color azul, las luces de la habitación estaban apagadas, las imágenes de la televisión teñían su piel de ese color, era como si yo hubiera estado fornicando en el cielo, como si el cielo estuviera encerrado en la habitación, todo era azul.
Me besa, al momento de sentarme a su lado, como si fuera una niña que se ha escapado de la escuela para besar a su novio, porque acaban de descubrir los besos, nos besamos con la lengua, con mucha lengua, me avergüenza besar en la calle, hace años que no beso en la calle, me siento un adolescente besando en la calle, pienso que los besos en la calle son una pérdida de tiempo, se besa en la cama, desnudos, uno frente al otro, que nadie nos vea besarnos, cuando por fin, separamos nuestras bocas para besarnos con la mirada, sorprendemos a un viejo, nos estaba observando, detuvo su camino para mirar nuestro beso, lo miramos, disimula, sigue adelante sonrojado, nosotros estallamos en carcajadas, estoy seguro que imaginaba que era él quien la besaba.
Tras estar así por un largo momento, la acompaño hasta la estación del metro, por la calle, me da la mano:
-¿No te da miedo que nos vea alguien? –le pregunto.
-El DF es tan grande. Es muy difícil –contesta.
Caminando, a nuestro alrededor, veo otras parejas de la mano y pienso en la romántica idea de que, quizá, el DF es la ciudad libre de los amantes.
Nos besamos en cada esquina, nos separamos pero cada paso que damos a continuación, es para volvernos a plegar el uno sobre el otro, cada vez que mi lengua roza su lengua es el momento más sexual de mi vida, nos besamos demasiado demasiadas veces la lengua, todo el rato, ocupando la boca del otro ella se acerca tantas veces a la mía, buscando besos, que hasta me da risa, pero evito reírme porque me encanta que me quiera besar, estoy halagado, soy un imbécil que le mete la lengua a la chica más bonita del mundo, siempre que beso a una chica guapa sé que no lo merezco, siempre pienso que va aparecer alguien a reventarme la cara a madrazos, que la policía me va a detener, porque yo soy una mierda y no merezco el cielo.
Rechazo su último beso, preocupado por su trabajo:
-Vete ya, se te va hacer tarde.
Con pena, saca su boleto, lo mete dentro del torniquete y éste le da paso, sólo a ella, nos separamos:
-Adiós.
Nos damos la espalda, yo camino de prisa hacia mi casa, tengo hambre, voy a comer algo, me da remordimiento, doy la vuelta, me regreso, saco mi boleto del metro, el torniquete me deja pasar la busco, la encuentro, la beso justo cuando la gente sale en manada de un vagón, la gente se topa de frente con esta historia de amor ,y civilizados, siguen caminando como si nada con sus pasos rápidos, en busca de las escaleras que dan a la superficie, como si tuvieran miedo de quedarse sin aire, como si toda la gente del mundo no deseara tener un amante a quien besar apasionadamente, en las horas libres del trabajo.
…
Por eso, tras dos días de silencio, me alegro muchísimo cuando ella me habla para vernos, en un parque que queda cerca de donde vivo, ella tiene dos horas libres para comer, antes de regresar al trabajo.
En estos días, yo sólo le había mandado un mensaje, ella ninguno, me moría por mandarle más pero conseguí contenerme, debía de evitar parecerme un psicópata obsesivo, tenía que demostrarle que yo no iba a interponerme en la relación que tiene con su novio, en que si se casaba, por mi no había problema alguno, que yo era sólo una persona serena y relajada que le daría amistad y sexo cuando a ella se le antojara, me importa una mierda que tenga novio, mejor para ella, tiene dos corazones, dos personas con las que puede pasar buenos momentos, tener muchas personas que te den amor, debería de ser lo mas lógico.
-Me da miedo verte –me dijo por teléfono, antes de quedar de acuerdo- Todavía no sé si eres bueno o malo.
A mi, no sólo me gusta tener sexo con ella. También me gusta pasear o entrar en algún sitio donde podamos tomar un café y charlar susurrándonos palabras. Eso proporciona el mismo placer que follar, la he extrañado, tanto, que a veces me he sorprendido buscando las fotos que le saqué hace tiempo, en la memoria de mi cámara digital, y sonriendo cuando las encuentro, dándole al zum para verle mejor los ojos, la sonrisa, la forma de sus pechos.
Hoy, me espera sentada en una banca del parque, está abrigada con una gran gabardina negra que tapa todo, menos sus botas, no sé porqué pero ver a chicas con esos abrigos me pone muy loco, o quizá sea ella, porque la recuerdo sobre mi, de color azul, las luces de la habitación estaban apagadas, las imágenes de la televisión teñían su piel de ese color, era como si yo hubiera estado fornicando en el cielo, como si el cielo estuviera encerrado en la habitación, todo era azul.
Me besa, al momento de sentarme a su lado, como si fuera una niña que se ha escapado de la escuela para besar a su novio, porque acaban de descubrir los besos, nos besamos con la lengua, con mucha lengua, me avergüenza besar en la calle, hace años que no beso en la calle, me siento un adolescente besando en la calle, pienso que los besos en la calle son una pérdida de tiempo, se besa en la cama, desnudos, uno frente al otro, que nadie nos vea besarnos, cuando por fin, separamos nuestras bocas para besarnos con la mirada, sorprendemos a un viejo, nos estaba observando, detuvo su camino para mirar nuestro beso, lo miramos, disimula, sigue adelante sonrojado, nosotros estallamos en carcajadas, estoy seguro que imaginaba que era él quien la besaba.
Tras estar así por un largo momento, la acompaño hasta la estación del metro, por la calle, me da la mano:
-¿No te da miedo que nos vea alguien? –le pregunto.
-El DF es tan grande. Es muy difícil –contesta.
Caminando, a nuestro alrededor, veo otras parejas de la mano y pienso en la romántica idea de que, quizá, el DF es la ciudad libre de los amantes.
Nos besamos en cada esquina, nos separamos pero cada paso que damos a continuación, es para volvernos a plegar el uno sobre el otro, cada vez que mi lengua roza su lengua es el momento más sexual de mi vida, nos besamos demasiado demasiadas veces la lengua, todo el rato, ocupando la boca del otro ella se acerca tantas veces a la mía, buscando besos, que hasta me da risa, pero evito reírme porque me encanta que me quiera besar, estoy halagado, soy un imbécil que le mete la lengua a la chica más bonita del mundo, siempre que beso a una chica guapa sé que no lo merezco, siempre pienso que va aparecer alguien a reventarme la cara a madrazos, que la policía me va a detener, porque yo soy una mierda y no merezco el cielo.
Rechazo su último beso, preocupado por su trabajo:
-Vete ya, se te va hacer tarde.
Con pena, saca su boleto, lo mete dentro del torniquete y éste le da paso, sólo a ella, nos separamos:
-Adiós.
Nos damos la espalda, yo camino de prisa hacia mi casa, tengo hambre, voy a comer algo, me da remordimiento, doy la vuelta, me regreso, saco mi boleto del metro, el torniquete me deja pasar la busco, la encuentro, la beso justo cuando la gente sale en manada de un vagón, la gente se topa de frente con esta historia de amor ,y civilizados, siguen caminando como si nada con sus pasos rápidos, en busca de las escaleras que dan a la superficie, como si tuvieran miedo de quedarse sin aire, como si toda la gente del mundo no deseara tener un amante a quien besar apasionadamente, en las horas libres del trabajo.
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Otras cosas
Cuando éramos inseparables
-Te tienes que rasurar –me dice.
-No –contesto.
-Tenemos un bautizo.
-Me rasuraré después de el bautizo. Cuando lleguemos a casa.
Ahora siempre me peleo contigo por cualquier cosa.
Eres tan maravillosa.
Todo el tiempo quería estar contigo. Ahora siempre nos enojamos.
Tú tenías 16 años, yo 18 cuando nos conocimos. No tenía dinero para regalarte algo. Así que iba a casa de mi vecino. Le pedía que me dejara utilizar su radio para grabarte un casette de música romántica, de temas que grababa de aquellas buenas estaciones de radio. Le hacía una portada y te lo daba. Me mordía las uñas esperando que me llamaras para decirme que era la selección de música más maravillosa que habías escuchado. Cuando el cantante te decía, te quiero, era yo diciéndote te quiero. Cuando la batería golpeaba duro, cuando la música subía, ese era mi amor subiendo: en su máxima plenitud.
No me daban mucho dinero en casa para salir, así que cuando me daban dinero para los pasajes del mes, yo lo utilizaba para invitarte al cine y comprarte palomitas. E iba a la escuela caminando o simplemente no iba ¿Para qué ir a la escuela si no te iba a ver?
Yo creía en el cuento del amor. Creía en cada centímetro nuevo de tu piel. territorio virgen, que conquistaba cada domingo tras la misa, en las escaleras de entre el tercer y cuatro piso de tu edificio: en aquel lugar secreto donde me tocabas un poco, pero sólo un poco porque no te gustaba mucho.
Ya con el tiempo tú y yo nos fuimos a vivir juntos. Y vivimos juntos, nos enfrentamos a lo que es la vida de adultos. Lo malo es que tú creciste y te hiciste una gran licenciada y seguiste yendo a misa los domingos. Yo no crecí. Yo descubrí que cojer bajo los influjos del alcohol estaba de puta madre. Yo seguí pensando que la vida era un juego que no había que tomarse nunca en serio. Y que Jesucristo era un tipo de poca madre que nada tenía que ver con el Papa. Seguí diciendo sin parar:
-Quiero escribir cosas.
Pero dejé de rentar en donde vivía y me mudé a tu casa y volví a tirar el celular para que ninguna persona me distrajera, sólo tú, solo tú, sólo tú.
Olvidé mis sueños de escribir cosas. Empecé a trabajar de mesero en un hotel de 5 estrellas. Traté por todos los medios de que no me corrieran de aquel trabajo, sueldo digno, construir un hogar juntos como debe de ser. Quizá tener hijos. Y viví esa vida de mierda qué dice la gente que es la mas lógica y civilizada.
El sillón de la salita. La nueva cocina. El juego de cortinas. Ver la tele después del trabajo. Los cojines. Comprar la mecedora. Ir construyendo un ataúd donde meterse y morir cómodamente, a plazos fijos y sin intereses. El amor fue creciendo al mismo tiempo que la decepción. La vida era eso, objetos materiales por los que dejar de vivir. La vida se veía a través de la televisión, pero era prefabricada. Y no había emoción. Siempre los mismos guionistas.
En Navidad, en fin de año, te ibas con tu familia, a otra ciudad, me dejabas solo, frente a la tele, con las campanadas, con mi gato. Yo pedía siempre el mismo deseo:
-Quiero escribir cosas.
Así que, cada noche, me arrastraba a la computadora con cuidado de que no te despertaras. Y empecé a escribir cosas. Para escaparme virtualmente al espacio exterior. En internet fumaba marihuana virtualmente. Y bebía virtualmente. Y era escritor virtualmente. E hice amigos y amantes virtuales a las que les veía los pechos.
Todo eso sin tú enterarte de nada. Porque cada vez que te enseñaba lo que escribía me decías que era una mierda y que no valía. Te dejé de mostrar mis escritos, me absorbías toda la energía, a tu lado no podía escribir.
No tuvimos un hijo. Tuvimos una perrita. Y ahora eres tú la que nunca está en casa. Normal, porque nuestra vida es tan aburrida como nos la merecemos. Yo duermo abajo, en el sala, con la perrita, porque cada vez que abro los ojos ella me lame la cara, la perra es la única persona que me da cariño en esta casa de dos pisos. Y tú duermes arriba, en la cama: mañana tienes que ir a trabajar porque, a diferencia de mi, tú tienes un trabajo serio… el sábado te perdiste el primer baño de nuestra perra, tú nunca lo verás porque no te importa.
Pronto me voy a ir de aquí y sé que te voy a llevar en mi corazón. Deja de llorar cada vez que te digo que me voy, porque a mi también me haces llorar, no quiero que nos pudramos juntos. Vamos a dar una oportunidad a la vida. A ver si uno de los dos, al fin, consigue la felicidad. Sé que a mi lado no la vas a conseguir nunca. Yo algunas veces la tengo.
Cuando vemos la tele y me acaricias el cabello.
-No –contesto.
-Tenemos un bautizo.
-Me rasuraré después de el bautizo. Cuando lleguemos a casa.
Ahora siempre me peleo contigo por cualquier cosa.
Eres tan maravillosa.
Todo el tiempo quería estar contigo. Ahora siempre nos enojamos.
Tú tenías 16 años, yo 18 cuando nos conocimos. No tenía dinero para regalarte algo. Así que iba a casa de mi vecino. Le pedía que me dejara utilizar su radio para grabarte un casette de música romántica, de temas que grababa de aquellas buenas estaciones de radio. Le hacía una portada y te lo daba. Me mordía las uñas esperando que me llamaras para decirme que era la selección de música más maravillosa que habías escuchado. Cuando el cantante te decía, te quiero, era yo diciéndote te quiero. Cuando la batería golpeaba duro, cuando la música subía, ese era mi amor subiendo: en su máxima plenitud.
No me daban mucho dinero en casa para salir, así que cuando me daban dinero para los pasajes del mes, yo lo utilizaba para invitarte al cine y comprarte palomitas. E iba a la escuela caminando o simplemente no iba ¿Para qué ir a la escuela si no te iba a ver?
Yo creía en el cuento del amor. Creía en cada centímetro nuevo de tu piel. territorio virgen, que conquistaba cada domingo tras la misa, en las escaleras de entre el tercer y cuatro piso de tu edificio: en aquel lugar secreto donde me tocabas un poco, pero sólo un poco porque no te gustaba mucho.
Ya con el tiempo tú y yo nos fuimos a vivir juntos. Y vivimos juntos, nos enfrentamos a lo que es la vida de adultos. Lo malo es que tú creciste y te hiciste una gran licenciada y seguiste yendo a misa los domingos. Yo no crecí. Yo descubrí que cojer bajo los influjos del alcohol estaba de puta madre. Yo seguí pensando que la vida era un juego que no había que tomarse nunca en serio. Y que Jesucristo era un tipo de poca madre que nada tenía que ver con el Papa. Seguí diciendo sin parar:
-Quiero escribir cosas.
Pero dejé de rentar en donde vivía y me mudé a tu casa y volví a tirar el celular para que ninguna persona me distrajera, sólo tú, solo tú, sólo tú.
Olvidé mis sueños de escribir cosas. Empecé a trabajar de mesero en un hotel de 5 estrellas. Traté por todos los medios de que no me corrieran de aquel trabajo, sueldo digno, construir un hogar juntos como debe de ser. Quizá tener hijos. Y viví esa vida de mierda qué dice la gente que es la mas lógica y civilizada.
El sillón de la salita. La nueva cocina. El juego de cortinas. Ver la tele después del trabajo. Los cojines. Comprar la mecedora. Ir construyendo un ataúd donde meterse y morir cómodamente, a plazos fijos y sin intereses. El amor fue creciendo al mismo tiempo que la decepción. La vida era eso, objetos materiales por los que dejar de vivir. La vida se veía a través de la televisión, pero era prefabricada. Y no había emoción. Siempre los mismos guionistas.
En Navidad, en fin de año, te ibas con tu familia, a otra ciudad, me dejabas solo, frente a la tele, con las campanadas, con mi gato. Yo pedía siempre el mismo deseo:
-Quiero escribir cosas.
Así que, cada noche, me arrastraba a la computadora con cuidado de que no te despertaras. Y empecé a escribir cosas. Para escaparme virtualmente al espacio exterior. En internet fumaba marihuana virtualmente. Y bebía virtualmente. Y era escritor virtualmente. E hice amigos y amantes virtuales a las que les veía los pechos.
Todo eso sin tú enterarte de nada. Porque cada vez que te enseñaba lo que escribía me decías que era una mierda y que no valía. Te dejé de mostrar mis escritos, me absorbías toda la energía, a tu lado no podía escribir.
No tuvimos un hijo. Tuvimos una perrita. Y ahora eres tú la que nunca está en casa. Normal, porque nuestra vida es tan aburrida como nos la merecemos. Yo duermo abajo, en el sala, con la perrita, porque cada vez que abro los ojos ella me lame la cara, la perra es la única persona que me da cariño en esta casa de dos pisos. Y tú duermes arriba, en la cama: mañana tienes que ir a trabajar porque, a diferencia de mi, tú tienes un trabajo serio… el sábado te perdiste el primer baño de nuestra perra, tú nunca lo verás porque no te importa.
Pronto me voy a ir de aquí y sé que te voy a llevar en mi corazón. Deja de llorar cada vez que te digo que me voy, porque a mi también me haces llorar, no quiero que nos pudramos juntos. Vamos a dar una oportunidad a la vida. A ver si uno de los dos, al fin, consigue la felicidad. Sé que a mi lado no la vas a conseguir nunca. Yo algunas veces la tengo.
Cuando vemos la tele y me acaricias el cabello.
Malas opciones
No nos vemos desde hace tiempo.
Ella vive con otro hombre, duerme con él y de vez en cuando tienen sexo. Un sexo de calidad muy pobre, casi no se debería llamar sexo, sino agonía.
-Vamos a tener agonía. Mètela.
Ella no es feliz. Él le da una vida de mierda, pero ella no se atreve a abandonarlo. Por cobardía y supervivencia, cree que no habrá nadie que la quiera como él la quiere, y que la mantenga. Las chicas necesitan saber que hay alguien que las ama sobre todas las cosas. Le sumas a eso, estabilidad económica y pueden aguantar junto a un ex amor toda la vida. Ese ex amor es más un dolor crónico que un sentimiento. Una infelicidad diaria a la que se acostumbran. Otra manera de supervivencia. Un salvavidas que apesta.
Ella, cada día, piensa en mí. Jamás me escribe, jamás me llama pero sé que mi recuerdo, los momentos que hemos vivido juntos, las veces que estuve mirándola a la cara y agarrándole la mano, abrazándola, la acompañan en casi todos sus movimientos. A menudo estoy viajando en el metro, en el trabajo; en mi cama, acostado con otra, con cualquiera, y me llega su señal a mi cabeza. Es como una alarma y un susurro. Bluetooth, Wifi, o como carajo se escriba. Es una señal que se traduce en unas simples frases:
-Estoy pensando en ti, Noel ¿Y tú en mí? ¿Aun me amas?
-Claro que te amo –digo en ese momento-. Claro que pienso en ti. Pero eres cobarde y por eso te desprecio.
Y mi frase se convierte en otra señal, y a la velocidad de la luz, cruza la ciudad, el océano, lo que sea, hasta donde esté ella. Y, la recoge, la saborea, la siente y sigue con su vida de mierda: cobarde, sin atreverse si quiera a llamarme por teléfono. Porque a veces, amar tanto, da miedo. Porque a veces la gente, inexplicablemente, prefiere hundirse en la mierda, ser terriblemente infeliz que vivir.
Ella vive con otro hombre, duerme con él y de vez en cuando tienen sexo. Un sexo de calidad muy pobre, casi no se debería llamar sexo, sino agonía.
-Vamos a tener agonía. Mètela.
Ella no es feliz. Él le da una vida de mierda, pero ella no se atreve a abandonarlo. Por cobardía y supervivencia, cree que no habrá nadie que la quiera como él la quiere, y que la mantenga. Las chicas necesitan saber que hay alguien que las ama sobre todas las cosas. Le sumas a eso, estabilidad económica y pueden aguantar junto a un ex amor toda la vida. Ese ex amor es más un dolor crónico que un sentimiento. Una infelicidad diaria a la que se acostumbran. Otra manera de supervivencia. Un salvavidas que apesta.
Ella, cada día, piensa en mí. Jamás me escribe, jamás me llama pero sé que mi recuerdo, los momentos que hemos vivido juntos, las veces que estuve mirándola a la cara y agarrándole la mano, abrazándola, la acompañan en casi todos sus movimientos. A menudo estoy viajando en el metro, en el trabajo; en mi cama, acostado con otra, con cualquiera, y me llega su señal a mi cabeza. Es como una alarma y un susurro. Bluetooth, Wifi, o como carajo se escriba. Es una señal que se traduce en unas simples frases:
-Estoy pensando en ti, Noel ¿Y tú en mí? ¿Aun me amas?
-Claro que te amo –digo en ese momento-. Claro que pienso en ti. Pero eres cobarde y por eso te desprecio.
Y mi frase se convierte en otra señal, y a la velocidad de la luz, cruza la ciudad, el océano, lo que sea, hasta donde esté ella. Y, la recoge, la saborea, la siente y sigue con su vida de mierda: cobarde, sin atreverse si quiera a llamarme por teléfono. Porque a veces, amar tanto, da miedo. Porque a veces la gente, inexplicablemente, prefiere hundirse en la mierda, ser terriblemente infeliz que vivir.
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Otras cosas
El diablo de los grandes cuernos te ve, mientras estas dormido
Aborrezco esta sociedad. Odio que todo, absolutamente todo, cueste dinero. Odio que la gente no se abrace por la calle, odio que la gente vaya vestida por la calle cuando hace calor, me gustaría que inventaran un insecticida que sólo matara a la gente mala, y que cada uno de nosotros tuviera un insecticida de esos en la bolsa y que usarlo no estuviera penalizado por la ley.
Siempre he deseado que haya vida después de la muerte, pero hoy pienso que realmente lo que me gustaría, es que no hubiera nada, que no hubiéramos existido nunca, que la humanidad desapareciera y dejáramos a las plantas y a los animales tranquilos dicen que somos superiores porque pensamos, pero no pensamos más que puras pendejadas, mira a tu alrededor, observa todo este puto mundo de porquería que ridículo y repugnante es, cada vez que me visto para ir al trabajo me dan unas ganas horribles de vomitar, cada vez que veo a gente trabajando en empleos de mierda me dan ganas de llorar, porque veo en sus ojos que se sienten basura, y que odian a la gente por sentirse así.
Llego del trabajo, estoy cansadísimo. Me acuesto. Y por primera vez tengo un viaje astral. Sin querer. Llevo años intentándolo. Mi alma sale de mi cuerpo. Miro a mi izquierda, hay un diablo de cuernos muy largos, observándome, sentado en el suelo:
-¿Qué haces? –le pregunto asustado.
-Solo sal un poco más y me meto en tu cuerpo –contesta el diablo.
-¿Y donde quedaría yo?
-Flotando entre dos mundos. Sin cuerpo.
Lo pienso un poco. Flotar entre dos mundos no suena mal. Me atrae la idea. Pero seguro que allí no podría ni follar, ni beber, ni fumar, ni conocer chicas guapas de vez en cuando, veloz regreso a mi cuerpo.
Abro los ojos. Me pongo a pensar que quizá la sociedad es tan repugnante porque las personas buenas se quedan dormidas y permiten que se les meta dentro del cuerpo el diablo de los grandes cuernos. Porque prefieren vivir flotando entre dos mundos que en este mundo de mierda. Se rinden. No los culpo. Qué ganas de llorar abrazado a alguien. Odio salir a la calle. Hay demasiado odio
Siempre he deseado que haya vida después de la muerte, pero hoy pienso que realmente lo que me gustaría, es que no hubiera nada, que no hubiéramos existido nunca, que la humanidad desapareciera y dejáramos a las plantas y a los animales tranquilos dicen que somos superiores porque pensamos, pero no pensamos más que puras pendejadas, mira a tu alrededor, observa todo este puto mundo de porquería que ridículo y repugnante es, cada vez que me visto para ir al trabajo me dan unas ganas horribles de vomitar, cada vez que veo a gente trabajando en empleos de mierda me dan ganas de llorar, porque veo en sus ojos que se sienten basura, y que odian a la gente por sentirse así.
Llego del trabajo, estoy cansadísimo. Me acuesto. Y por primera vez tengo un viaje astral. Sin querer. Llevo años intentándolo. Mi alma sale de mi cuerpo. Miro a mi izquierda, hay un diablo de cuernos muy largos, observándome, sentado en el suelo:
-¿Qué haces? –le pregunto asustado.
-Solo sal un poco más y me meto en tu cuerpo –contesta el diablo.
-¿Y donde quedaría yo?
-Flotando entre dos mundos. Sin cuerpo.
Lo pienso un poco. Flotar entre dos mundos no suena mal. Me atrae la idea. Pero seguro que allí no podría ni follar, ni beber, ni fumar, ni conocer chicas guapas de vez en cuando, veloz regreso a mi cuerpo.
Abro los ojos. Me pongo a pensar que quizá la sociedad es tan repugnante porque las personas buenas se quedan dormidas y permiten que se les meta dentro del cuerpo el diablo de los grandes cuernos. Porque prefieren vivir flotando entre dos mundos que en este mundo de mierda. Se rinden. No los culpo. Qué ganas de llorar abrazado a alguien. Odio salir a la calle. Hay demasiado odio
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Guaguara
L@s Odio!!!(Anti-todo)
Maldigo a los alcohólicos y drogaditos adictos del cemento, vagabundos sucios que me piden dinero, ojetes y estafadores que no dejan caminar tranquilo por el centro histórico, los pinches piratas de tepito vendiendo discos defectuosos, los pendejetes que se roban los desodorantes de la comercial mexicana y se hacen los cabrones mientras los vez, los infelices que se pasan de hijos de puta con la gente dando billetes falsos, los que te roban la cartera al subirte al metro, me cago en las agrupaciones que protestan por puras pendejadas sin fundamento, en los putos protectores de animales con chalecos de lana, maldigo a los supuestos anarquistas que le rinden cuentas a sus papis, a los pendejos que se creen neonazis chingando por pendejadas que no les corresponden, a las sectas y grupos que se dedican a reclutar y transformar imbeciles, usándolos para su propia conveniencia o para la de su “líder” que no es mas que un pinche inadaptado social que no supo relacionarse con sus semejantes y no le quedo mas que inventar una secta toda pendeja para hacerse de amigos, pobres pendejos, malditos también los encapuchados que cagan las protestas justas destruyendo cuanto semáforo y vitrina hay, gastándose el dinero que no tienen haciendo bombas molotov, ojala se les queme el hocico para que de verdad necesiten usar un pañuelo para taparse su pinche arremedo de cara, también maldigo a los pendejos reggetoneros que manejan rápido, malditos también sus padres que les prestan el auto para mantener tranquilito y contento al pendejo de su hijo, también maldigo a los idiotas de sus amigos que se suben al carro del que va borracho, hijos de su puta madre, a los que chocan y matan inocentes en las autopistas, por ir haciendo carreras clandestinas para costearse la peda del próximo fin de semana, maldigo a los millonarios de mierda drogadictos que consumen éxtasis y cocaína por ¡curiosidad¡, gastándose el dinero que se gana su puto padre, a los que mantienen el doble estándar del arribismo mediante el contrabando y el narcotráfico, hijos de puta hinchados en dinero, aparecidos de mierda que no son mas que una lacra asquerosa, maldigo la conciencia social de medidas populistas, los izquierdistas de mentira que llevan mas años lamiéndose las heridas que siendo oprimidos, llorando por un pasado que difícilmente de esa forma vaya a volver. A los muy putos derechistas que se guardan tras grandes fajos de billetes su conciencia social y además se dicen “populares”, hijos de su puta madre fascistas de mierda, para ellos lo mas cercano a ser oposición es estar sentados en la mesa de atrás de su restaurante pendejo al que asisten todos los putos políticos de este país, maldita su falsa ayuda a la gente , sus promesas y el aprovechamiento de la humildad de las personas, sin la gente no son nada hijos de puta, también maldigo a las anoréxicas, bulímicas y vigorexicos ¡!, que realizan dietas compulsivas, llevando sus cuerpos al limite de lo insano, hundiendo con ellos a todos aquellos que tienen alrededor, enfermos mentales, malditos los obesos de mierda que almuerzan en lugares de comida rápida y agrandan las promociones para no quedar con hambre, asquerosas bolas de grasa, que enriquecen con su gula a los grandes desgraciados que matan a gente con sus “cajitas felices” , que nos vuelven a todos mas infelices aun, maldito el canon mundial de belleza asociado a la flaqueza extrema que hace que todas las pendejas estén a los 10 años pidiendo liposucciones para navidad y deseando a gritos silicón, malditas futuras perras anoréxicas, maldigo a la publicidad, y su forma de arrear a las personas como vacas, estimulando al exceso de consumo y el endeudamiento grave, odio a las tiendas que intentan hacerte creer que hacen algo por ti , que te “ayudan”, y a sus rostros televisivos, vendidos a las marcas, malditos los empresarios explotadores, monopolistas de mierda que llevan a este país directo a hundirse, entregándoselo a los gringos de mierda, abandonando toda identidad nacional, sucumbiendo ante el poder del dinero, “regalando” créditos y prestamos eternos para chingar a la gente, tenerla ahogada y meterla en un circulo vicioso, haciendo mierda sus libertades y abusando de su sumisión, maldigo a los medios de comunicación, que solo le llenan de mierda y miedo la cabeza a la gente. Malditos los editores y periodistas dedicados a mentir abiertamente al país, a manipular y transformar la información; los que publican lo que les conviene y de la forma que mas los beneficie, confundiendo las ideas de la gente, malditos también los mafiosos detrás de cada medio, hijos de perra que manejan todo el país, con tener en su poder un canal de TV, y maldigo también a los pobres pendejos que se creen todo lo que sale en la tele, malditos los viejos maricones que llevan 20 años de casados y descubren que son gay a los 50 y profanan a los pendejos jovencitos, para “vivir experiencias nuevas” ¡infelices aburridos hijos de puta, incapaces de afrontar la vejez!, maldigo a los violadores , también a sus hijos violados: futuros violadores, también a los pendejos pedófilos, vinculados a redes de prostitucion infantil, desviados de mierda, a los abusadores sexuales que van caminando en el metro mirando para otro lado con cara de pendejos, a los hijos de puta que ejercen abuso de poder y abusan de sus secretarias y trabajadoras, a los que manosean a sus sobrinas a cambio de un silencio obligado, maldigo a los padres golpeadores, alcohólicos y ausentes, a los padres y madres infieles que destruyen sus familias por calenturas, inmadurez o falta de voluntad, a las madres que dejan solos a sus hijos y se pasan todo el día haciendo vida social fuera de sus casas, maldita la dictadura familiar, los padres conservadores, que mal entienden sus “principios” de mierda trasformándolos en reglas estrictas, llevando a la falta de comunicación y al odio, malditos aquellos que llevan una doble vida de mentiras y engaños a la familia, malditos los padres golpeadores que maltratan a los niños que ni siquiera son suyos, desgraciados infelices hijos de puta. Maldigo este país de mediocres donde todo se hace a lo “compadre”, hijos de puta chaqueteros burócratas, que hacen todo a ultima hora, chingando a cuanto pendejo se les ponga enfrente, no saben vivir sin endeudarse, tienen una vida sacada a 12 pagos que aun no terminan de pagar y ya van atrasados, semana tras semana corren al centro comercial mas cercano a que les ofrezcan el mejor estilo de vida que se merecen, y claro pagándolos en miserables plazos de tu justo salario mínimo, maldigo a los culeros que asaltan y matan por unos pocos pesos, para ir a comprar mota o coca, a los que roban a la gente humilde, a los que se creen los dueños del pueblo cuando los muy hijos de su puta madre no tienen ni dignidad, a los sicarios ojetes que hacen ajustes de cuentas disparando a matar mientras que los niños corren a sus casas a esconderse, a la pinche policía de mierda incompetente, incapaz de hacerse valer como autoridad donde abunda la miseria y las pandillas, a los “mara”, al “Isra”, al “cabeza” y a toda esa bola de pendejos mal nacidos que no se saben ni sonar los mocos y andan disparando armas hechizas, maldigo a los curas que cometen abuso sexual en sus escuelas católicas, donde esconden sus desviaciones mediante “Jornadas espirituales o retiros”, a la Iglesia encubridora que se ha dedicado a tapar esta mierda, para no perder su “prestigio institucional”, malditos los Mormones, Elder, Hare Krishna y Canutos, que vienen a tocar la puerta, a contarme sus principios, con sus zapatitos lustrados y peinados con gel, a los Opus Dei, secta rancia dedicada a producir seres asquerosos en grupos de a 7, destinados a casarse entre ellos, y guardar las apariencias de familias perfectas, aun cuando llevan 8 años sin siquiera dirigirse la palabra…
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