Puta civilización, Putas filosofías hipócritas de mierda!

Regreso del trabajo. Camino por la calle. Tengo frío. Veo un local donde hacen café y chocolate caliente. Un Starbucks.

Entro en ese sitio, a pesar de que no veo en la fila a ninguna chica con un culo medianamente decente. Hace tiempo que no veía a tantos pendejos juntos. Miro a los que atienden. Trabajar en lugares como este, aceptar trabajos como estos, es el último recurso que queda antes de hacerse puta o darte un tiro en el culo. Lo sé, porque yo los he tenido. Observo a los trajeados que hacen fila. Son como cerdos en el matadero. En lo único que les ha cambiado la vida, en los últimos siete años, es que antes tomaban café en la universidad y ahora se creen triunfadores, cool’s modernos, por tomarlo en un lugar como este.

Es mi turno. Sorpresa. He ligado. La cajera que me atiende me sonríe y… ¡Pregunta mi nombre!!!! Pizpireta lo escribe en el vaso. Soy un seductor nato. A mis años aun levanto pasiones instantáneas entre las mujeres.

-Me llamo Noel –contesto.

Imagino a la cajera desnuda, en mi cama. Pienso en el momento en el que estemos a solas. Y me dan ganas de seguir la platica... ahora no es momento de hablar, hay mucha gente en la fila, quizá su jefe esté mirando, fisgoneando, ella está buena seguro que su jefe gordo y pendejo se la quiere coger, cuando se entere que me ha preguntado mi nombre se va a cagar de envidia, seguro que le empieza a hacer la vida imposible en el trabajo.

-¿Mucho trabajo? –le pregunto como si nada, mientras pago.

-Bufff… aun me quedan 5 horas –contesta.

Bingo!!. La muy zorra me ha dicho a qué hora sale, tiene ganas de fiesta, qué casualidad, mi pene también, la esperaré.

Cinco horas más tarde sale del Starbucks. Me acerco a ella:

-Hola.

-¿? –dice asustada.

-¿No te acuerdas de mí? Soy Noel. Tuviste el bonito detalle de preguntarme el nombre y escribírmelo en el vaso esta mañana…

-¿Y?

-Bueno… que a mí también me gustas… ¿Quieres venir a mi cuarto a fumar un porro y a cojer?

-En Sturbucks siempre se pregunta el nombre de cada cliente. Es la filosofía de la casa –responde muy seria- Escribimos el nombre de cada cliente en el vaso mientras le preparamos su pedido.

-Hija de puta. Calentona de mierda –le susurro al oido, mientras me voy encabronadísimo- ¡No lo puedo creer! Lo que pasa es que ahora te da miedo abrirte de piernas ¡Por tus prejuicios de subhumana!

Me alejo de ella, caminando nervioso. Entro en otro Starbucks. Pido un chocolate.

-¿Cómo te llamas? –me pregunta el homosexual subhumano que me atiende.

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