Regresé a mi casa, a las 3 de la madrugada.
Entonces lo vi sentado a mitad de la calle:
Es un mesero del bar que esta por mi casa, creo que también es uno de los dueños, no estoy seguro, pero ahora estaba sentado en el suelo, como muy preocupado, casi llorando, normalmente, ese bar, cierra temprano, mas o menos como a las 10 de la noche. Y abre a las 6, era muy extraño que ese hombre estuviera sentado a mitad de la calle, y a esa hora.
Me miró, me sentí reconocido, él también se había acostumbrado a verme caminar por esa calle, no pude evitarlo entonces me sentí obligado a preguntar:
-¿Puedo ayudarle?
-¿Tu sabes algo de poesía? –preguntó angustiado, preocupado.
No supe qué contestar ¿Sería un loco?... Así que contesté la verdad:
-No. No sé nada de poesía.
Y me miró como si le hubiera escupido en la cara, como si me despreciara. Me miró con un asco infinito. Seguí caminando y cuando llegué a mi cuarto, la forma en la que me miro, aun me hacia sentir sucio e incómodo.
…
Al mediodía, al despertarme, lo hice con demasiada hambre, salí a comer algo, no pude evitar pasar por esa calle, por ese bar, siempre está medio vacío miré por el cristal, allí estaba él, en el fondo del local, frente su Laptop, juraría que componiendo versos.
Ya que eso era un bar, yo tenía hambre y aparte me moría de curiosidad, entré:
-Hola –saludé.
El hombre levantó la mirada como si lo estuviera sacando de un foso, parecía que se encontraba en el suelo de una tumba, en un agujero lleno de musgo, flores y duendes, se había hecho amigo de los duendes, seguro que estaba hablando, extraños secretos, con ellos.
-¿Qué quieres? –preguntó encabronado por la interrupción.
-¿Puedo comer algo?
-¿Necesitas comer? ¿Seguro?
Quedé extrañado por la pregunta. Muy extrañado ¿Estaba ese cabron retándome? Sin embargo, como algunas veces pienso que soy un paranoico y tomo cualquier cosa como una ofensa, pasé por alto la extraña pregunta... también, no lo oculto, porque deseaba permanecer más tiempo dentro de ese lugar, averiguar más sobre ese hombre, de su comportamiento tan extraño.
-Sí.
-Pues siéntate –dijo malhumorado.
No me senté, estaba realmente nervioso. Me quedé en la barra, vigilando mientras cocinaba, tenía miedo de que escupiera sobre mi comida, realmente sentía que ese hombre me despreciaba, ni siquiera me había preguntado ¿que quería de comer?.
Era un hombre alto. En otro tiempo debió de ser muy fornido. Sin embargo, aun, en una pelea, sería peligroso. Vi que puso -en un sarten, con bastante mala gana- unas papas y un trozo de carne. Luego, regresó frente a su computadora a hundirse en la fosa de su extraña tumba con las flores y con los duendes de los que era amigo.
Esperé un rato, mirándolo de reojo. Cuando él me miraba, aun encabronado, yo me hacía pendejo y volteaba la mirada a la televisión que estaba en un canal de videos musicales. Empecé a oler a quemado, las papas.
-Creo que se está quemando algo ahí dentro –me atreví a decirle.
El hombre, volvió a salir de su tumba, se dirigió a la cocina. Efectivamente, las papas se habían quemado. Aun así, no le importó en absoluto servírmelas en el plato para que me las tragara.
-Oiga –le dije- estas papas están todas quemadas.
-A los que no saben nada de poesía, en este local –contestó- les servimos siempre las papas quemadas.
Y regresó a su Lap, dándome la espalda, lo único que le importaba a ese hombre, eran los versos que, sin duda estaba componiendo, lo único que le importaba era su literatura.
…Yo, contra la literatura, no puedo ni quiero luchar. Me comí el bistec, separé las papas quemadas, pagué sin chistar y me fui de ahí deseando regresar mañana para volver a ver a ese hermano.
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