Platica sin sentido

-¿No tienes miedo de estar siempre solo? –Me preguntó ella- Ya te estás haciendo mayorcito.

-No –le contesto-. No tengo miedo de estar solo, sin pareja. Sería absurdo. Tengo 27 años. Primera parte de mi vida finalizada. En esos 27 años he estado casi siempre solo, sin pareja. Menos a ratos, cuando me estaba cojiendo a una chica. Miro hacia atrás y me la he pasado bien. Me da igual estar otros 27 años de la misma forma. Cuando tenga 50 años me acostaré con princesas de 50. Cuando tenga 60 a señoras de 60. Y a los 70, por fin, impotente. La libertad, fin de la tiranía sexual.

Sólo necesito unas cervezas para sentirme lo que soy, el rey del mundo. Sólo necesito unas cervezas, una buena canción que suene de fondo y una vagina que me diga te quiero para estar en el cielo. Cuando acabe de chingarme esas cervezas, todo terminará. Y el día que destape otras cervezas empezara otra vida, me cojere a otra chava que me dirá te quiero. Yo también le diré que la quiero. Pero luego que se vaya. No quiero estropear lo nuestro.

Solamente tener un hijo cambiaría mi estilo de vida.

Mi estilo de vida no es un gran estilo de vida. Pero es el mejor para un rey del mundo urbano como yo (jaja). Hay otros estilos de vida en esta sociedad. Por ejemplo traficar con armas, con niños, con dinero. Tu jefe trafica con dinero y tú eres su esclavo. Y luego están los reyes del mundo de las pequeñas ciudades. Como yo. Y, abajo de todo, los esclavos, los más estúpidos de todos, los que se auto esclavizan a cambio de una TV de plasma, de un coche. En busca de un status de vida que, cuando lo consiguen y se sientan en el sillón de la salita, los hacen sentir muy desgraciados.

Si Dios (en dado caso de que existiera), hubiera querido que estuviéramos siempre con la misma persona, en el mismo sitio, nos habría hecho inmortales.

...

Hablamos un rato más. Ella me dijo que por favor me fuera, que su marido iba a llegar de un momento a otro y que era demasiado celoso. Nos pusimos de pie para despedirnos: le di mi celular y un beso en el cachete.

A la izquierda de nosotros, un paralítico piensa en qué injusto es el mundo. Tener piernas para eso. El paralítico nos mira y piensa que si él tuviera unas piernas fuertes correría tan rápido que podría hacerlo sobre el mar, que llegaría al infinito y que luego, se tiraría por la gran cascada del fin del mundo, donde inicia el espacio. Flotar por el universo en silencio. Eso sí que tiene sentido.

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