Yin

I

Me da vergüenza que a mi madre se la haya follado un chino. Cada vez que entro en una tienda de comida rapida y veo, tras el mostrador, a un chino viejo, pienso que quizá sea mi padre. Mi padre era chino y un hijo de puta. Se folló a mi madre y la dejó. Nunca vi, ni conocí a mi padre. Hay millones de chinos. Tantos como moscas. Los chinos son las moscas, y la humanidad, la mierda.

Aparte de ese brote racista justificado, soy buena persona. Me llamo Yin: dentro de dos semanas cumplo 33 años. La edad en la que crucificaron a Jesucristo. Yo llevo crucificado varios años: por las pelotas: puta vida: puto trabajo de mierda.

Trabajo de Aux. contable en una oficina. Cobro 12000 pesos al mes. Soy un subhumano. Subhumano es toda persona que no lucha por sus sueños y deja que una rutina que lo hace desgraciado se adueñe de su vida. Me hubiera gustado ser dibujante de comics. Un subhumano es una persona que morirá y que nadie recordará. Una persona que nunca se rebela contra su rutina gris. Un número: soy esa combinación de lotería que se hace pero no es el numero ganador: ese papelito doblado que se tira a la basura.

Vivo con mi madre. Casi no hablo con nadie. No tengo amigos. En mi adolescencia odiaba a mi madre: no le hablaba: sólo la insultaba y gritaba: me la imaginaba jadeando de placer debajo de un chino. Para colmo me puso el nombre de quien se la folló: Yin. No sé por qué me hizo esa putada. En la escuela preguntaban:

-¿Dónde está tu padre?

Yin. Ese nombre me hace recordar, cada día, que soy un hijo bastardo...no pensé que fuera a escribir en este diario que hoy empiezo sobre mi padre: pero es que a mis casi 33 años sigo jodido, pensando en eso. Ojalá mi madre me hubiera llamado Rodolfo. Aunque suene a maricón. Ella nunca se casó: los hombres se reían de ella ¿Quién se va a casar con una mujer que permitió que un chino expulsara semen con pus amarilla dentro de su vagina y la dejara embarazada?...

I

No estoy enamorado de mi compañera de oficina: sólo quiero follármela. Ana. Deseo follarte, humillándote. Odio que seas tan guapa, tan delicada, tan elegante, tan pequeñita. A mi no me engañas: TE METES MUCHOS PENES LOS FINES DE SEMANA. Odio que hables de ese modo tan correcto, sacando la lengua un poco, mostrando tus grandes dientes blancos: dientes con los que te comes con mordiscos salvajes mi corazón. Odio que sonrías de ese modo que sepas que, desde que entras en un lugar, todo el mundo te quiere follar. Odio que vistas tan elegante, que toda la ropa que te pongas te quede tan sexy, que te subas los pantalones por detrás y se te marque tanto el culo: odio verte los calzones un poquito. Daría mi vida, todo mi dinero, todas mis posesiones, mi cabeza, por una mamada tuya. TRÁGATE MI SEMEN. Cuantas veces he estado en el baño de la oficina con el pene de fuera, la puerta cerrada sin el seguro, deseando, soñando que entres despistada y me lo veas: erecto. Sueño con romperte el culo. Me gustaría follarte mil veces, grabarlo todo en video y luego sacarte de mi cama, de mi casa a empujones: desnuda: tirarte a la calle: como hizo mi padre con mi madre: que tú, Ana, me suplicaras, que lloraras: odio no poder tratarte como a una perra.

Nunca te hablo y, cuando lo hago, me sonrojo: no soporto que me mires a la cara, a mi calva. No soporto que me veas caminar. No soporto que veas mi barriga. A pesar de que no tienes cojones eres más hombre que yo. Llevas mucho menos tiempo que yo en la empresa y ya cobras más y tienes mejores días libres, mejor oficina. Hablas más alto. Odio que seas una mujer libre, que no estés entre cadenas, que haya leyes que me impidan violarte, que no seas puta, que no seas una máquina de refresco en la que pueda echar una moneda y yo, a cambio, pueda meterte el pene: odio que el jefe te sonría sólo a ti: ODIO QUE LE DEVUELVAS LA SONRISA. Odio que nunca me hables y, que cuando lo hagas, sea con una sonrisa que me esclaviza a ti: que hace que me abra de piernas, deseando que tuvieras pene y yo vagina: que me lo metieras. Odio tener sólo dos pantalones para la chaqueta del trabajo y que tú lo sepas (en eso seguro que te has fijado). Odio estar gordo y calvo: odio que veas mis manchas amarillas debajo de mis axilas, provocadas por el desodorante barato. Odio no estar dentro de tu lista de posibles candidatos para follar. Odio ser para ti sólo el gordo imbécil de la oficina que no te deja de mirar. Eres pequeñita. Eres mi Hitler. Mi campo de concentración donde se me extermina. Quiero que cuando muera te comas mi carne, que te la vendan, engañada, en el mercado. Quiero que me comas y me cagues. Quiero estar dentro de tus intestinos, de tu estómago: ser un poco de oxígeno en tu corazón.

III

Soy el Auxiliar contable que más trabaja de la oficina, pero el que menos cobra. Soy el único que sabe hacer todo el trabajo pero el menos valorado. Tendría que alzar mi voz, hacerme valer, cobrar más: pero no sé hablar, me pongo nervioso. Sé que no soy imprescindible ¿Quién es imprescindible hoy en día? La humanidad no es nada. Siento que me están haciendo un favor teniéndome en esta oficina. Les incomoda mi presencia: mi gordura, mi calvicie, mi forma de ser, callada y nerviosa. Ese dinero que no me pagan es el dinero que yo les pago por soportarme. A menudo me quedo ha trabajar hasta tarde: cuando todos mis compañeros se han ido: haciendo el trabajo de ellos: los pocos días que mi jefe se queda en la oficina hasta la noche y me ve allí, trabajando, bajo un montón de papeles, el muy cabrón me dice:

-Es que no sabes organizar tu tiempo.

Cuando regreso a casa encuentro a mi madre dormida frente al televisor. Me ha hecho la cena. Ella trabaja de limpieza en unos grandes almacenes. Me como la cena que ha preparado a pesar que, de camino a casa, he cenado dos panes y que llevo meses torturándome, con la idea de empezar el régimen, para dejar de ser gordo. Me gustaría estrangular a mi madre vieja. Arrancarle su vagina repugnante con un chuchillo y tirarlo a un contenedor de basura. Y a ella enterrarla en un bosque muy verde. Creo que ella sería feliz muerta. Cuando ella muera yo heredaré esta casa. Es pequeña pero, por lo menos, ya no viviré con mi madre: la gente se reirá menos de mí.

Tras la cena me acuesto en la cama, trato de masturbarme pensando en mi compañera de oficina. Pero no se me para: porque la imagino riéndose de mi pene, diciendo que es muy pequeño y que no sé mantenerlo firme: que es el pene más mierda de todos los idiotas con los que ha estado. Para colmo, en mi mente, se confunden las imágenes: a la vez que la imagino desnuda veo la cara de mi jefe. Cierro los ojos. Trato de descubrir si soy homosexual. Imagino que se lo estoy metiendo por el culo a mi jefe. Imagino a mi jefe a cuatro patas y yo metiéndoselo por detrás. El pene se me pone totalmente flácido. No consigo una erección. Otra vez veo la sonrisa y los dientes blancos de mi compañera de trabajo:

-Eres un maricón –me dice. Y luego suelta su estridente risita de niña buena.

-Quisiera poseerte Ana –digo en susurros, a mi almohada, a punto de llorar- quisiera que me amaras. No te rías de mí, por favor. Te amo. Quiero dejar de estar solo. Sácame de este infierno que es mi vida.

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