Sé que no debería de llamarla, voy a parecer un pendejo desesperado. Pero qué chingaos. Soy un pendejo desesperado. Me gusta vivir las cosas con desesperación. Me gusta desear las cosas intensamente, con todas mis fuerzas, como lo hacen los niños el día de los Reyes Magos, antes de ir a la sala a ver sus regalos mágicos o cuando quieren que sus madres les compren algo en el mercado.
Tengo muchas ganas de estar con ella. Sé que en la cita de esta tarde, no me la voy a coger pero, que chingaos, tengo ganas de beber y reírme con ella. Le gusta la chela obscura como a mí. Ella está demasiado buena para mí en el 2009. Si estuviéramos en el 2001 seguro que le bajaba la tanga en menos de 15 minutos y cogiamos súper a gusto dentro de un baño. Pero en el 2009, o me dice que se la ha pensado bien y no quiere ir conmigo, o nos estamos un rato en la tarde y a los 30 minutos se tendrá que ir. Así que, como sé que ni de suerte me la voy a coger, me siento más descansado. A la mierda. La llamo. Tengo ganas de escuchar su voz. Tengo ganas y punto. No voy a pensar si me voy a ver mal o bien por llamarla. Quiero escuchar su voz y vaya si la voy a escuchar:
-Emmm…Hola Lorena ¿Qué tal? –pregunto.
-Hola. Eh… Es demasiado temprano para llamar ¿no?
Son las 8.30 de la mañana. Me dijo que hoy era su día de descanso. Los mediocres, en la mañana de su día libre, suelen dormir hasta la hora de la comida. Yo, como no trabajo, duermo cada día hasta la hora que me da la gana. Es más, dentro de un rato me voy a la cama porque me he pasado toda la noche escribiendo un buen de pendejadas. Que se joda si ya la desperté. Será muy guapa pero poco inteligente, yo cuando estoy durmiendo apago el teléfono. Además, apuesto lo que sea a que no estaba durmiendo.
Tiene la voz muy bonita para ser lo primero que emite al despertarse. Seguro que está fornicando con un tipo. O con dos tipos. Las chicas súper buenas como ella se los cogerán de dos en dos porque tendrán demasiada lista de espera. Estará cogiendo a todas horas. Menos esta tarde, de 16 a 17 horas.
-Perdona, princesa. Era para saber si esta tarde nos vemos.
-Sí, a las 16 horas -me dice.
Y cuelga. Espero no haberla molestado. Mis intenciones con ella son buenas:
Enamorarla, casarme y hacerla feliz. Sé que no lo voy a conseguir pero tengo muchas ganas de verla.
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